La parroquia de San Antonio en Jaffa: una Iglesia dentro de la Iglesia

Durante el periodo de confinamiento debido a la situación de emergencia por el coronavirus, dentro de la parroquia de la Custodia de Tierra Santa dedicada a San Antonio de Padua, situada en Jaffa de Tel Aviv, el sentimiento que prevaleció en los fieles fue el de redescubrirse Iglesia: un cuerpo único y unido.

En la parroquia son pocos los que piden directamente ayuda o dinero”, cuenta el párroco fray Augustin Pelayo.  “Muchos feligreses, por el contrario, vienen a donar, tanto para los pobres – que son muchos – como para las obras de restauración en las que los frailes de la comunidad y yo trabajamos desde hace tiempo”. Precisamente a causa de estas obras, muchas personas que viven en el área de la parroquia empezaron a acercarse a la iglesia ofreciendo donativos para ayudarnos económicamente.  “Muchos de estos donativos provienen de familias jóvenes”, dice fray Augustin. “Por eso puedo decir que los feligreses empiezan a entender que este templo depende de su apoyo, ayuda y participación, y para mí no hay nada más importante”. 

Los trabajos en curso son varios: la iglesia está todavía cubierta de andamios para las obras que pretenden devolverla al estilo neogótico original, un trabajo exigente sobre todo en este momento lleno de incertidumbres.  “Hace poco, después de anunciar durante la santa misa que estábamos pintando la Iglesia, me tomé la libertad de decir a los feligreses que si alguno quería ayudar económicamente a estas obras, podía hacerlo libremente”, explica fray Augustin.  “El resultado fue que desde el miércoles al domingo siguiente recaudamos 18.000 NIS (5.300 US$) para la iglesia, solo por parte de los fieles árabes”.

La participación, comenta el párroco, nunca ha faltado, pero últimamente parece que ha aumentado de un modo increíble.  “No los reconozco, se han transformado”, comenta irónicamente fray Augustin hablando de la participación en la vida de la parroquia y en las celebraciones.  “De vez en cuando bromeo sobre ello y les digo que rogaré al gobierno que imponga el confinamiento todos los fines de semana, para hacerles venir a rezar con la misma frecuencia que en este último periodo”.  Según el párroco, este momento especial ha hecho surgir lo mejor de la parroquia: la generosidad se ha duplicado, con frecuencia alguien regala alimentos para la fraternidad o alguien que pasa y encuentra a los frailes entregados al trabajo les ofrece ayuda; quien no tiene dinero prefiere ofrecer lo que puede en mano de obra para los trabajos de electricidad; hay programadores que han creado una plataforma online para gestionar la base de datos del cementerio. “Antes no era así”, cuenta fray Augustin, “celebrar fuera de la iglesia ha roto muchas barreras y nos ha permitido tener más confianza, poniéndonos al mismo nivel”.

Además de las obras en los muros de carga de los locales de la parroquia y del convento, una restauración importante de la que se ha hecho cargo directamente la Custodia de Tierra Santa, los restantes trabajos en curso afectan a secciones concretas de la estructura de la iglesia.  En primer lugar, las vidrieras, sustituidas recientemente, los jardines que rodean la parroquia y la reconstrucción de algunas zonas de los muros que la rodean, para aislar el edificio de las filtraciones.  Además de estas obras, se están arreglando las tumbas del cementerio parroquial, que será inaugurado el 2 de noviembre, día en que se conmemora a todos los difuntos.  En el cementerio, la capilla se ha restaurado gracias a un único benefactor. También el ábside de la iglesia se está reconstruyendo actualmente: el proyecto prevé que se pinte un gran cielo azul con estrellas chapadas en oro, dedicadas a cada familia de la parroquia que ha ayudado a las obras de la iglesia, para que todos se sientan parte del “mismo cielo”, una gran comunidad.

No queremos que la iglesia sea un museo, abierta solo en las grandes festividades, sino que queremos que sea un hogar”, concluye fray Augustin.  “Yo les pido que traigan siempre a los niños, aun a riesgo de que molesten un poco durante la celebración, porque solo así es posible enseñarles a comportarse en la iglesia. Los niños de hoy son los feligreses jóvenes y ancianos del mañana, sin ellos no hay futuro”.

 

Giovanni Malaspina