Eremitorio de Getsemaní: la “soledad habitada” en tiempos de Covid

“Hemos pasado de acoger y proponer un modelo de eremitismo y oración a convertirnos nosotros mismos en ermitaños; precisamente nosotros, que siempre hemos propuesto vivir esta “soledad habitada” nos hemos encontrado con la necesidad de vivir en primera persona el eremitismo”.  Así resume fray Diego Dalla Gassa, director del Eremitorio de Getsemaní, el último año y medio en Jerusalén. “Para nosotros ha sido tiempo de intercesión y de oración, y no podía ser de otra manera en el lugar en que – como nos narra el Evangelio – el Señor lucha”.

El tiempo de pandemia no disminuye la intensidad de la oración y la experiencia de fray Diego y los colaboradores del eremitorio también lo confirma. “Han sido semanas y meses de oración intensa – cuenta el fraile – de silencio e intercesión, características que me han permitido, a mí y a mis colaboradores, conectar profundamente con la situación dramática que se desarrollaba fuera del huerto y en todo el mundo”.

A pesar de que han continuado las numerosas solicitudes de los peregrinos, los voluntarios y los “amigos del eremitorio, que solían residir y regresar a este lugar algunas semanas al año, el eremitorio tuvo que cerrar sus puertas durante un tiempo.

“Hemos cumplido con las restricciones gubernamentales y de la Custodia: sobre todo durante el confinamiento evitamos recibir y promover la experiencia del eremitismo”, continúa fray Diego. “Ha sido algo insólito para nosotros: el eremitorio no ha estado nunca vacío durante más de una semana al año, así que sentíamos la necesidad de reinventarnos”.

Ya no hay peregrinos individuales, cuyo acceso sigue todavía prohibido por las normas locales, pero los hombres y mujeres consagrados que viven en Tierra Santa han participado en las iniciativas del eremitorio: desde ejercicios espirituales anuales a la posibilidad de pasar un periodo de soledad y oración frente a los muros de Jerusalén. “He visto y conocido a gente que vive aquí desde hace mucho tiempo” comenta fray Dalla Gassa. “Pero también pensamos en los que no podían llegar hasta aquí: especialmente durante el tiempo de Adviento realizamos nuestras lectio en italiano a través de Zoom, despertando muchísimo interés: si normalmente reunían a un máximo de 50/60 personas, en este caso participaron unas 120 procedentes de Argentina, Italia, Rusia, España, así como varias comunidades religiosas de Galilea”.  Se han recibido muchos comentarios positivos desde todas partes del mundo por esta iniciativa de acompañamiento espiritual, aunque vivido a distancia.

“En este periodo, hemos experimentado que la palabra de Dios es verdadera y real”, afirma el fraile. “Que hay un valor físico externo en la Palabra, así como un fuerte simbolismo y este ha sido para nosotros una fuerza que nos ha sostenido a nivel espiritual, y también ha sido percibido por todos los subscriptores de nuestro boletín, a los que envío periódicamente nuestros textos. Hemos recibido mucha solidaridad, incluso de quien no esperábamos”. De hecho, varios de los que conocen la Custodia han decidido destinar precisamente al eremitorio sus contribuciones económicas, sabiendo que esta realidad también vive de los donativos y ayudas procedentes de los peregrinos, además del apoyo de la Custodia.

“Este es uno de los lugares de la pasión, en lugar donde el Señor lucha; hemos descubierto que muchas personas han sido encontradas o han encontrado a Jesús en la noche de este último año y, tal como sucedió aquí, la noche se ha convertido en encuentro, en oportunidad”, continúa fray Diego. “Es un tiempo nuevo para todos, tiempo de prueba”.

 

Giovanni Malaspina