
Después de 14 años de espera y aislamiento, la presencia del Custodio de Tierra Santa ha vuelto a hacerse sentir entre los callejones y los olivares de Knayeh, en la provincia de Idlib. La última visita oficial se remontaba a 2011, antes de que el conflicto sirio levantara un muro de silencio alrededor de esta zona, haciendo que los pueblos de Knayeh y Yacoubiyeh fueran casi inaccesibles. El 9 de febrero de 2026 marca así una fecha de renacimiento, con la llegada del Custodio para dar inicio al Capítulo de los frailes que prestan servicio en Siria.
Los frailes, procedentes de las diversas realidades misioneras de Alepo, Damasco y Lattakia, se pusieron en camino para llegar hasta los hermanos de Knayeh y Yacoubiyeh. Este encuentro, fuertemente deseado tanto por el Custodio como por los frailes, representa un signo tangible de unidad para una comunidad que durante años permaneció aislada del resto del país.

A las 11:30, el abrazo entre el Custodio y los frailes disolvió simbólicamente años de distancia. La jornada entró en su momento central a las 12:00 con la celebración de la Eucaristía, presidida por Mons. Hanna Jallouf, Vicario Apostólico de Alepo. La elección del lugar y del celebrante no es casual: Mons. Jallouf, él mismo franciscano, vivió en primera persona los momentos más oscuros del conflicto precisamente en estas tierras.
Durante la homilía, el obispo subrayó el profundo valor de esta asamblea. Recordó el inicio de la misión franciscana en el Valle del Orontes, destacando cómo la presencia de los frailes es hoy una luz de esperanza para toda la región. A pocos kilómetros de donde los primeros seguidores de Jesús fueron llamados "cristianos", los frailes continúan dando testimonio del Evangelio con su propia vida.

Al término de la misa, el Custodio de Tierra Santa dirigió palabras de profunda gratitud al Obispo y a todos los hermanos. Elogió su servicio incansable, realizado a menudo entre peligros y sufrimientos. El valor de permanecer junto a la población local a pesar de las dificultades fue el hilo conductor de su intervención, destinada a alentar a una fraternidad que nunca ha dejado de servir, acompañada por la gracia del Señor.
Por la tarde, el Capítulo zonal continuó en un clima de retiro espiritual. Los frailes se recogieron en un momento de oración dedicada, poniéndose a la escucha del Señor para preparar el corazón al diálogo. Esta fase de compartir es esencial para programar el futuro de la misión franciscana en Siria, partiendo precisamente de la escucha recíproca y de la reflexión sobre los desafíos que aún esperan a la comunidad cristiana en estas tierras.
