
Jerusalén ha vivido hoy una de sus tradiciones más significativas en el tiempo pascual: el intercambio de felicitaciones entre las Iglesias ortodoxas y los Fray de la Custodia de Tierra Santa.
Una cita que, año tras año, renueva el espíritu de fraternidad entre las diversas comunidades cristianas presentes en los Lugares Santos y que, en este periodo histórico particularmente frágil, asume un valor todavía más profundo.
Tradicionalmente, la visita de las Iglesias orientales a los franciscanos de la Custodia tiene lugar el martes de la Octava de Pascua.
Este año, sin embargo, la coincidencia con la fiesta de la Anunciación según el calendario juliano, observado por las Iglesias orientales, sugirió de común acuerdo el desplazamiento del encuentro al miércoles 8 de abril, para permitir a todas las comunidades vivir plenamente sus propias celebraciones litúrgicas.
La jornada de intercambio de felicitaciones tuvo un pequeño anticipo: el Patriarcado Copto, comprometido hoy en una celebración especial en el río Jordán, visitó ayer la Custodia para expresar sus felicitaciones pascuales.
Pero la de hoy ha sido la jornada principal, marcada por una serie de encuentros que han visto alternarse a las delegaciones de las principales Iglesias ortodoxas.
En primer lugar ha llegado el Patriarca griego ortodoxo de Jerusalén, Su Beatitud Teófilo III, acompañado por algunos miembros de la fraternidad del Patriarcado griego. Acogidos con el ceremonial de costumbre, han dirigido palabras de felicitación a los Fray de la Custodia, "subrayando el significado de la Resurrección como fuente de esperanza y como fundamento de la comunión entre los cristianos."
A continuación, una delegación del Patriarcado Armenio, llegada como representación del Patriarca, expresó sus felicitaciones pascuales, "recordando la importancia del testimonio cristiano en Jerusalén y de la colaboración entre las comunidades, especialmente en tiempos difíciles."
Fue después el turno del Patriarcado Siriaco Ortodoxo, presente con una delegación encabezada por el Obispo Mons. Jakub Jacke, que quiso manifestar la cercanía de la comunidad siriaca a los Fray de la Custodia, en un clima de respeto y cordialidad.
Finalmente, concluyó la serie de encuentros una delegación del Patriarcado Etíope, trayendo la alegría de la Pascua y "el deseo de que la luz del Cristo Resucitado pueda continuar iluminando a los pueblos de la región."
Cada delegación saludó con un breve discurso de felicitación, al cual hizo eco la respuesta del Custodio de Tierra Santa, las breves pausas fueron amenizadas por los cantos pascuales de la tradición católica latina interpretados con profesionalidad por la Schola Cantorum del estudiantado de San Salvador.
En las diversas intervenciones, surgió con fuerza un deseo común: la paz. Una paz invocada no de modo abstracto, sino como necesidad urgente para esta Tierra y para el mundo entero, en un momento histórico marcado por tensiones y conflictos.
El llamamiento a la paz resonó con particular intensidad también a la luz de la reciente tregua de dos semanas anunciada durante la noche del conflicto bélico en curso entre Estados Unidos e Irán: una señal frágil, pero acogida como ocasión de esperanza y como invitación a perseverar en la oración.
La mañana concluyó según la tradición con la visita de los Fray de la Custodia al Vicariato Patriarcal Greco-Melquita de Jerusalén, en la Puerta de Jaffa, para ofrecer a su vez las felicitaciones pascuales, prosiguiendo así ese gesto recíproco que en Jerusalén se convierte en testimonio concreto de fraternidad y de unidad en la diversidad. El grupo de Fray fue acogido por Monseñor Yasser el Ayyash, Vicario Patriarcal Greco-Melquita, ante la presencia de Mons. Ephrem Semaan, Obispo siro-católico de Jerusalén, quien también estaba de visita para las felicitaciones pascuales.
En una ciudad donde la fe se entrelaza cotidianamente con la historia y con las heridas del presente, el intercambio de felicitaciones pascuales sigue siendo un signo sencillo pero elocuente: un recordatorio de la comunión entre los cristianos y un compromiso compartido para que la Resurrección de Cristo continúe siendo anuncio de vida, de reconciliación y de paz.
Fray Alberto Joan Pari
