Jerusalén, el intercambio de felicitaciones pascuales entre la Custodia de Tierra Santa y las Iglesias ortodoxas

En la mañana del miércoles 15 de abril, se renovó en la Ciudad Vieja de Jerusalén una de las tradiciones más significativas del tiempo pascual: el intercambio de felicitaciones entre la Custodia de Tierra Santa y los Patriarcados de las Iglesias ortodoxas.

Una cita antigua, sellada por el Status Quo, que cada año testimonia la fraternidad entre las diferentes comunidades cristianas custodias de los Santos Lugares. Un gesto sencillo pero elocuente, que adquiere un significado aún más intenso en el contexto delicado que la región está viviendo.

Este año, la cercanía entre las celebraciones pascuales, solo una semana de diferencia entre la Pascua católica y protestante y la ortodoxa, mientras que el próximo año la diferencia será de cinco semanas, ha hecho que este encuentro sea aún más inmediato y compartido en el clima de la alegría pascual, vivida casi simultáneamente por las diferentes Iglesias.

Como es tradición, la Custodia participó en los encuentros con una delegación propia encabezada por el Custodio de Tierra Santa, acompañado por el Vicario, el Secretario custodial, algunos Discretos de Tierra Santa y los Frays del convento de San Salvador.

La mañana se articuló en una serie de visitas a los Patriarcados ortodoxos de la Ciudad Vieja. La delegación franciscana se dirigió, por orden, al Patriarcado Griego, al Armenio, luego al Patriarcado Copto, al Siriaco y finalmente al Etíope, llevando a cada comunidad las felicitaciones por la Pascua.

En cada etapa, el intercambio de saludos estuvo acompañado de breves discursos, en los que el Custodio y los representantes de los diferentes Patriarcados expresaron la alegría común por la Resurrección del Señor. Un tema recurrente fue precisamente el de la "alegría pascual," vivida este año con particular intensidad también gracias a condiciones que permitieron celebraciones más serenas.

Varias veces, de hecho, se subrayó cómo el reciente alto el fuego, iniciado el pasado jueves, ha permitido a las comunidades cristianas ortodoxas vivir con mayor normalidad las liturgias en el Santo Sepulcro, sin las restricciones que habían marcado periodos anteriores. Un elemento acogido por todos como signo positivo, a pesar de la conciencia de la fragilidad de la situación.

Junto a la alegría, surgió con fuerza también una invocación común: "la de la paz." En un tiempo incierto y marcado por tensiones, los responsables de las diferentes Iglesias elevaron un llamamiento unánime para que "el don de la paz pueda consolidarse y alcanzar a toda la Tierra Santa y al mundo entero."

Este intercambio de felicitaciones, que se renueva fielmente cada año, se confirma así no solo como un gesto de cortesía institucional, sino como una verdadera expresión de comunión entre cristianos. En la diversidad de las tradiciones y de los ritos, manifiesta una unidad radicada en la fe en Cristo Resucitado y en la común responsabilidad hacia los Santos Lugares.

En una Jerusalén marcada por contrastes pero también por profundas experiencias de fe, la mañana de hoy ha ofrecido una vez más un signo concreto de fraternidad: una invitación a caminar juntos, sostenidos por la esperanza pascual, hacia un futuro de reconciliación y de paz.

Fray Alberto Joan Pari

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