Testimonio de fray Jordan, maestro de estudiantes en Ein Karem

Father Jordan
Father Jordan

Proceden de varias partes del mundo y tienen carismas diferentes. Los frailes de la Custodia de Tierra Santa están al servicio de los Santos Lugares, de la Iglesia y de la población local. Entre ellos, fray Jordan Melanius Sesar, indonesio de nacimiento, que lleva a cabo su servicio como maestro de los estudiantes de filosofía del convento de Ein Karem.  Nos ha contado su experiencia personal de encuentro con la Tierra Santa y de vida en fraternidad.

¿Cómo comenzó tu relación con Tierra Santa?
Ingresé en la Orden de los Frailes Menores a los diecinueve años, pero empecé mi itinerario cuatro años antes, cuando tenía quince años, en el seminario menor.  Estudié teología y filosofía tras el noviciado.  Fue en ese momento, cuando aún era diácono, cuando me nombraron vicecomisario de Tierra Santa para mi provincia de Indonesia.  En 2007 partí para mi primera peregrinación y desde allí comencé a guiar a grupos en Tierra Santa.
Los franciscanos siempre han jugado un papel importante en Indonesia, si se piensa que fueron precisamente ellos, en su momento, los que tradujeron la Biblia al indonesio.  Y aún hoy existe un instituto bíblico.

De Indonesia a Tierra Santa: ¿cómo es el impacto para los peregrinos?
Los indonesios están verdaderamente contentos por la presencia de los frailes en Tierra Santa. Cuando guío a grupos, les enseño la procesión diaria en el Sepulcro, la oración del Ángelus en Nazaret y les hablo sobre la actividad de los franciscanos. Los peregrinos quieren saber más sobre la vida de los frailes y sobre la Biblia.  Y nosotros queremos que experimenten la Biblia como una experiencia espiritual.

¿Cómo llegaste a servir a la Custodia de Tierra Santa?
En 2010 me convertí en fraile al servicio de la Custodia. Después de seis meses en Montefalco para aprender italiano con los postulantes, fui enviado a Nazaret y colaboré con la comunidad Shalom. Trabajé en la animación litúrgica, confesando y ayudando como sacristán en San José en la basílica de la Anunciación.  El guardián, fray Bruno, me pidió después que continuara estudiando. Fui tres años a la Academia Alfonsiana para obtener el título en Teología moral. A mi regreso, fui nombrado vicemaestro de los aspirantes de Belén, hasta llegar a Ein Karem como maestro de estudiantes, donde me encuentro ahora.

¿Cómo es la vida en Tierra Santa?
La Tierra Santa es un mundo muy diferente al que yo conocía. En Indonesia estamos acostumbrados al contacto con la gente, incluso distinta a nosotros. Por parte de mi madre, la familia es musulmana, pero tenemos buena relación, tanto que el día de mi ordenación todos mis parientes musulmanes vinieron a la iglesia.  Musulmanes, cristianos, budistas e hinduistas conviven. Aquí, en cambio, es algo distinto y en el pasado los frailes a veces solo han vivido tras los muros del convento, aunque ahora las cosas están cambiando.  Por eso es importante que tengamos una visión integral de la Custodia y que tengamos la capacidad de aprender el idioma local.  Aquí, en Ein Karem, trabajamos en comunidad.  La comunidad apoya nuestra vida y si hay algún problema, hablamos sobre ello.

¿En qué consiste la función de maestro de estudiantes?
Durante la formación, los frailes de la Custodia de Tierra Santa también hacen un recorrido de discernimiento de la vocación.  En la Ratio Francescanis se identifican tres indicadores: la vida humana (psicología, relación con los demás, hábitos, disciplina), la vida cristiana y la vida franciscana. Nosotros trabajamos en estos tres ámbitos, evaluando si los frailes pueden seguir o no su itinerario de formación. Lo hacemos a través de entrevistas personales y con un programa mensual, diferente para el primer y segundo año.
Además, presento a los estudiantes la vida franciscana, para que entiendan lo que hacen los frailes en Tierra Santa. Pero siempre digo a los estudiantes que deben seguir las huellas de San Francisco y no de los frailes.

¿Cómo es la vida en Ein Karem?
Es una vida distinta de la que he tenido en el pasado. Estoy aquí por obediencia, lo que veo como una oportunidad para abrir el corazón y la mente.  En mi convento ahora somos veinte frailes de varios países: Polonia, México, Colombia, Ecuador, Italia, India y siria.   A menudo nos preguntan si somos capaces de comunicarnos unos con otros, y lo conseguimos, porque la clave es la apertura de mente y de corazón.  También tenemos un psicólogo con el que nos reunimos cada mes para tratar también los aspectos humanos de nuestra vida.  Debemos prestar atención al uso de las redes sociales y usar correctamente el móvil. Por eso, en nuestra casa está prohibido el uso del teléfono en el refectorio, el lugar por excelencia en el que estamos juntos y hablamos.

¿Qué es lo más bonito de ser fraile en Tierra Santa?
Poder aprender de los peregrinos, que con frecuencia rezan mucho más que nosotros. Son un ejemplo para nosotros porque vienen de lejos, haciendo muchos sacrificios, y cuando llegan aquí, rezan.  Sin embargo, los que vivimos aquí no consideramos que estamos en el lugar donde nació Jesús, donde nació San Juan.
Los peregrinos, además, enriquecen mi vida espiritual contándome las gracias que reciben durante la peregrinación. Son cosas sencillas que debo aprender a recibir y compartir.  Por eso, con algunos frailes, hemos realizado vídeos en indonesio y los hemos publicado en YouTube.  Queremos animar a todos los peregrinos, de Indonesia y de otros sitios, a venir en peregrinación a Tierra Santa.

Beatrice Guarrera