PodLectio, la Palabra desde el corazón de Tierra Santa

Siete ediciones, cuarenta y dos voces franciscanas, cuarenta y cinco mil escuchas: el podcast de la Custodia de Tierra Santa que lleva el Evangelio del día al bolsillo de los fieles.

Hay una imagen que no puedo olvidar. Estaba de retiro en la ermita de Getsemaní -allí mismo, al pie del Monte de los Olivos, donde Jesús sudó sangre la noche de su traición- cuando vi a un fraile franciscano haciendo una cosa muy sencilla: durante la Misa grababa su homilía. No para sí mismo, sino para enviarla por mensaje a sus contactos, para que aquella Palabra no quedara encerrada entre los muros de piedra del santuario, sino que llegara a quienes la necesitaban.

Fue una chispa. Me dije: ¿por qué no hacerlo de forma sistemática? ¿Por qué no sistematizar ese acto espontáneo de compartir, dándole una forma, una distribución, un hogar? Así nació PodLectio, un podcast diario de meditación sobre el Evangelio del día, producido en colaboración con la Oficina de Prensa de la Custodia de Tierra Santa, que enseguida acogió la idea y la hizo suya, y que este año va por su séptima edición consecutiva.

La Palabra que no conoce fronteras

La idea de fondo es de una sencillez evangélica: cada día, durante los tiempos fuertes de Adviento y Cuaresma, un fraile de la Custodia de Tierra Santa se sienta -o pasea, o se reúne en un rincón del santuario-, graba por sí mismo su meditación sobre el Evangelio del día y me la envía. Luego me toca a mí hacer el montaje. Sin dirección, sin estudio profesional, sin presupuesto. Sólo la voz de un fraile, la Palabra de Dios y la tecnología haciendo su humilde servicio.

San Francisco de Asís, a quien le gustaba llamarse "heraldo del gran Rey", no se cansaba de llevar el Evangelio a todos los que encontraba, en calles y plazas. Hoy esas calles se llaman Spotify, YouTube, Amazon Music, Apple Podcasts. Y los pasos -digitales- se cuentan por miles.

PodLectio se distribuye en las principales plataformas de streaming de audio y vídeo. Pero la confirmación más elocuente de su valor procede de una fuente autorizada e inesperada: Vatican News, el medio de comunicación oficial de la Santa Sede, pidió incluir el podcast en su programación diaria. La primera vez fuimos nosotros quienes lo propusimos; a partir de la segunda, fueron ellos quienes nos buscaron. Una señal que habla por sí sola.

Cuarenta y dos voces, un Evangelio

La séptima edición abarcó desde el 18 de febrero -con un episodio extra de presentación- hasta el 3 de abril, Viernes Santo, para un total de cuarenta y cuatro episodios. Uno por cada día del camino cuaresmal hacia la Cruz.

Los frailes grabaron desde los lugares más evocadores y significativos imaginables: Jerusalén y sus santuarios, Siria, Chipre, Grecia, Líbano, Jordania, Palestina, Israel. Y luego Italia, con la presencia especial de cinco frailes de Asís, entre ellos el Ministro provincial, para conmemorar el octavo centenario del tránsito del Seráfico Padre. En total, cuarenta y dos frailes, prácticamente uno por cada día de Cuaresma, como si se tratara de un relevo espiritual por la geografía de la custodia apostólica. Entre las voces más autorizadas está la del Custodio de Tierra Santa, protagonista de nada menos que tres episodios: el de apertura, el final y el especial del Viernes Santo, dedicado por entero a la llamada a la Colecta pro Terra Sancta.

Chipre también aportó la voz del obispo Bruno, señal de que el proyecto fue capaz de implicar no sólo a los frailes dedicados a las distintas tareas (guardián, profesor, ecónomo, párroco, etc.), sino también a la cúpula episcopal de la comunidad. Y de todos los países de la Custodia -de Damasco a Nicosia, de Beirut a Ammán, de Nazaret a Belén- partió la Palabra en formato audio para llegar a fieles de todas las franjas horarias. Para tratar de ser lo más internacionales posible, durante dos ediciones tuvimos también una temporada en español que se añadía a la de italiano. E incluso allí tuvimos muchas reacciones.

Como escribió San Juan Pablo II en su encíclica Redemptoris Missio, "Los primeros areópagos del mundo moderno son los medios de comunicación de masas". PodLectio parece haberse tomado en serio esa indicación.

Las cifras de crecimiento silencioso

Los profesionales de la comunicación saben que las cifras por sí solas no cuentan toda la historia. Pero a veces cuentan una historia que merece la pena leer.

En la séptima edición, Spotify registró 15.908 reproducciones, que suman más de mil horas de escucha. Una cifra, esta última, que revela algo interesante: más de un creyente volvió a escuchar el mismo episodio varias veces. La meditación, evidentemente, merece ser rumiada, como lo es la tradición de la lectio divina de la que el podcast toma su nombre.

El total de reproducciones individuales superó las 45.000, con una media de 256 escuchas por episodio. El episodio más escuchado fue el del Miércoles de Ceniza, con 384 reproducciones; el menos escuchado se detuvo en 213 -una cifra que, en cada caso, representa a 213 personas que se detuvieron a escuchar el Evangelio meditado por un fraile en Tierra Santa ese día-.

Para comprender la magnitud de este crecimiento, basta una comparación: en ediciones anteriores, la media por episodio se situaba entre 50 y 80 escuchas. Hemos pasado, en pocos años, a más del triple. A los datos de Spotify hay que añadir los de YouTube (tanto el canal de la Custodia como el dedicado a PodLectio), Amazon Music, Apple Podcasts y, por supuesto, Vatican News, que llega a una audiencia mundial.

El Papa Francisco, que ha hecho de la comunicación auténtica y cercana una de las señas de identidad de su pontificado, escribió en su Mensaje para la 57ª Jornada de las Comunicaciones Sociales que "comunicar es construir puentes, favorecer el encuentro entre las personas." PodLectio construye puentes cada mañana, episodio a episodio.

Un proyecto de coste cero, inestimable

Hay un aspecto de PodLectio que, en una época dominada por la lógica del mercado y la inversión publicitaria, suena casi revolucionario: no cuesta nada. Los hermanos se graban a sí mismos, con sus propios teléfonos. No hay estudios de grabación, ni cachés, ni gastos de distribución. La edición es artesanal, cuidada pero sin herramientas caras. Las plataformas de distribución son gratuitas o casi. La única moneda que se gasta es el tiempo -el de los frailes que se detienen a diario para rezar y compartir- y la pasión de quienes coordinan el proyecto y de quienes colaboran en él, como el voluntario que lee la Palabra de Dios. Aunque a veces también usamos la inteligencia artificial.

Sin embargo, el retorno es incalculable. No en términos económicos, por supuesto, sino en términos de almas alcanzadas, de fieles acompañados en el camino cuaresmal, de personas que quizá nunca hubieran podido peregrinar a Jerusalén y que cada mañana, en el metro o en la cocina mientras se hacen el café, pueden escuchar la voz de un fraile rezando sobre las mismas piedras que pisó Jesús.

San Maximiliano Kolbe, pionero de la comunicación católica en el siglo XX, estaba convencido de que los medios de comunicación eran una "catedral moderna" a través de la cual llevar el Evangelio a los alejados. PodLectio no tiene la grandeza de una catedral, pero sí la sencillez de una pequeña capilla siempre abierta.

El signo más hermoso: los frailes que piden participar

Las cifras son importantes, pero hay un indicador de éxito que ninguna plataforma de análisis puede medir: el entusiasmo de los frailes. Recibimos solicitudes de participación continuamente. Durante el Adviento, cuando hay menos apuestas y menos plazas disponibles, muchos frailes se quejan de quedarse fuera. Algunos esperan su turno de una edición a otra.

Este es quizá el signo más auténtico de la bondad del proyecto: no una cifra en una pantalla, sino la voz concreta de hombres consagrados que quieren compartir su oración con el mundo. Hermanos que, desde el corazón de tierras a menudo marcadas por la guerra y el sufrimiento -Siria, Líbano, Palestina, entre otras-, eligen alzar la voz no para protestar, sino para rezar. No para quejarse, sino para meditar sobre el Evangelio.

Al fin y al cabo, eso es exactamente lo que hizo aquel fraile en Getsemaní aquella mañana que lo cambió todo: grabó su homilía no para sí mismo, sino para que alguien más pudiera oírla. PodLectio no ha hecho sino ampliar ese gesto. Del patio de una ermita a cuarenta y cinco mil escuchas, del teléfono de un fraile a los oídos del mundo.

La Palabra, como el pan, nunca debe faltar.

PodLectio está disponible en Spotify, YouTube (canales Custodia de Tierra Santa y PodLectio), Amazon Music, Apple Podcasts y Vatican News.

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