Celebraciones Jubilares en Tierra Santa: la fiesta de los religiosos y religiosas de la Iglesia de Jerusalén

09 Oct 2025

El 8 de octubre se celebró en Jerusalén, en el Notre Dame Center, una Misa Solemne para los consagrados y consagradas a la vida religiosa, en concomitancia con las celebraciones jubilares en Roma.
La misa fue presidida por el card. Pizzaballa, con la presencia de más de 200 entre monjas, sacerdotes, religiosos y religiosas de decenas de órdenes y congregaciones diferentes, además de jefes de iglesias, obispos y también el Custodio de Tierra Santa, frey Francesco Ielpo.

Un rostro de Pentecostés

La asamblea jubilar recordó la imagen de una Pentecostés cotidiana: muchas lenguas y pertenencias que, en el Espíritu, aprenden a comprenderse y a buscar la unidad más allá de las polarizaciones del tiempo presente. En este contexto, la vida consagrada presta un servicio a la unidad, haciendo circular un "espíritu de mutua comprensión" capaz de transformar diferencias y fragilidades en un recurso evangélico para la ciudad y la tierra.

Según el card. Pizzaballa, la presencia de los religiosos y religiosas cubre "a 360 grados" las necesidades en Palestina e Israel: educación, cuidado, acogida, acompañamiento pastoral, formación y obras sociales integradas en la oración y la caridad operante. Es una red que acoge heridas y esperanzas y lleva la "sustancia" del Evangelio a todos los ámbitos, transformando la proximidad en opciones concretas para los más vulnerables.

Las familias religiosas

Los institutos masculinos y femeninos, antiguos y nuevos, contribuyen con carismas complementarios: contemplativos que custodian la intercesión, apostólicos que animan escuelas y parroquias, congregaciones comprometidas en la salud, la acogida, la formación y la promoción humana. Esta pluralidad es constitutiva: columnas diferentes sostienen el mismo edificio, ofreciendo a la Iglesia en Tierra Santa un rostro creíble de misericordia y cercanía en lo cotidiano.

El criterio evangélico

La homilía del Patriarca Latino de Jerusalén propone un criterio decisivo: no doblar la fe a ideas o lecturas políticas, como Jonás tentado de "corregir" a Dios, sino dejarse convertir por la mirada misericordiosa del Señor. La vida consagrada es escuela de confianza: más que "entender todo", se trata de confiar en Dios que guía, levanta y envía según sus tiempos y caminos.

Misericordia que no se rinde

La parábola de Jonás recuerda que Dios no abandona la obra de sus manos: en mar abierto como en la ciudad difícil, su misericordia precede y acompaña la misión. Para los consagrados esto significa perseverar junto a los que sufren, permanecer puente donde otros levantan muros y creer que una palabra de paz aún puede echar raíces.

La conferencia pastoral

Al final, el Patriarca ofreció una conferencia sobre la presencia de la Iglesia en Tierra Santa (Palestina, Israel, Jordania, Chipre), ilustrando la geografía pastoral, los números esenciales de parroquias y fieles y las necesidades más urgentes. La lectura de los datos se puso al servicio del discernimiento: dónde consolidar, dónde sostener, dónde reabrir espacios de encuentro y caminos educativos y sociales.

Jordania: fragilidad económica

En Jordania, la principal urgencia es económica: el aumento del costo de la vida y la fragilidad del trabajo pesan sobre las familias y las escuelas católicas, que son baluartes fundamentales de cohesión y movilidad social.
De particular atención es la necesidad de las comunidades de moverse en busca de trabajo o de una vida digna. En este contexto se vuelve difícil construir, incluso literalmente, iglesias y comunidades.

Palestina: fracturas y presiones

En Palestina, cada vez más dividida entre el norte (Ramallah, Nablus, Jenin) y el sur (Belén), el peso de las presiones de los colonos y la falta de trabajo y peregrinaciones aumentan el aislamiento de las comunidades. La reducción de los flujos de peregrinos afecta a las familias y obras, requiriendo apoyos extraordinarios y una pastoral de resiliencia cotidiana. Cabe destacar la violencia y presencia de colonos en toda la Cisjordania, que generan miedo, división e imposibilidad de movimiento (además de las dificultades causadas por el muro que separa los territorios israelíes de los palestinos).

Israel: divisiones e ilegalidad

En Israel se subrayó la división entre judíos, cristianos y musulmanes y, sobre todo, la plaga de la ilegalidad, con particular alarma por la zona de Nazaret. A este desafío se añade la cuestión de los migrantes, que exige acompañamiento jurídico, integración social y tutela de la dignidad mediante caminos pastorales dedicados.

Chipre: puente de atención

En Chipre, la presencia eclesial es un puente de encuentro y cuidado que custodia comunidades pequeñas pero vivas, apoyando a trabajadores migrantes y familias en tránsito. En un contexto híbrido y plural, la misión se expresa en la "diplomacia de lo cotidiano": liturgia, caridad, formación y relaciones de cercanía.

Necesidades inmediatas

Entre las necesidades inmediatas destacan el apoyo a las escuelas y las familias, el relanzamiento de las peregrinaciones como motor de trabajo y encuentro, la protección de las comunidades expuestas a violencias e ilegalidad y los caminos de diálogo interreligioso que desactiven polarizaciones. Se suman el acompañamiento de migrantes y la inversión en jóvenes y laicos para arraigar el futuro y la corresponsabilidad.

Gaza: presencia de Cristo

Para Gaza, el Card. Pizzaballa reafirmó que la presencia de la Iglesia no es política ni resistencia organizada: es presencia de Cristo, testimonio que permanece en el corazón del mundo herido para custodiar la dignidad de cada persona. Permanecer junto a los vulnerables – ancianos, enfermos, discapacitados, familias desplazadas – significa ser Iglesia que comparte, consuela y sirve sin dejarse instrumentalizar por ningún bando.

Testimonio no alineados

Esta presencia está hecha de rostros, obras y gestos cotidianos: parroquias que acogen, religiosos y religiosas que cuidan y escuchan, comunidades que oran y mantienen una luz encendida en la oscuridad, para todos sin distinción. La Iglesia no se deja arrastrar por ningún lado: construye paz permaneciendo, sirviendo y hablando el lenguaje de lo humano compartido, signo universal en el que Cristo es reconocido en los heridos y los pequeños.

El criterio sigue siendo evangélico: dejarse convertir por la misericordia que recompone, evitando esquemas ideológicos y traduciendo el Evangelio en cercanía concreta. Así, la Iglesia en Tierra Santa – con la vida consagrada en primera línea – es "servicio a 360 grados" que escucha, educa, cura y reconstruye confianza entre pueblos y generaciones.

Francesco Guaraldi

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