Buenos Aires: una fraternidad al servicio de Tierra Santa, a pesar de las dificultades

The friars of the monastery of Buenos Aires while commemorating the Transitus of St. Francis of Assisi, October 2020
The friars of the monastery of Buenos Aires while commemorating the Transitus of St. Francis of Assisi, October 2020

Ya son más de un millón los casos de Covid-19 detectados en Argentina y desde agosto cada vez son más los casos que se registran en las provincias alejadas de la capital Buenos Aires. Desde el comienzo del confinamiento en marzo, los contagios han seguido aumentando y oficialmente nunca se han relajado las restricciones de movimiento para combatir la pandemia.  Fray Luis Ángel Anguita, superior de la fraternidad del convento de Buenos Aires (Argentina), que pertenece a la Custodia de Tierra Santa, cuenta las dificultades de estos últimos meses.

La peculiaridad del convento de Buenos Aires es precisamente que forma parte de la Custodia de Tierra Santa aunque no se encuentra en Oriente Medio.  Los tres frailes franciscanos que viven allí en la actualidad se encargan de realizar el trabajo de la Comisaría de Tierra Santa y la importante labor educativa del Instituto Tierra Santa.  El convento de la Custodia de Buenos Aires siempre fue un lugar de promoción y acogida de las vocaciones franciscanas de toda Sudamérica.

“Desde 2014 vivo en esta fraternidad y soy superior desde hace unos tres años – explica fray Luis –. Desde que estalló la pandemia, aquí quedamos dos frailes y solo hace poco llegó un tercero.  Durante meses, al estar cerradas las iglesias, no hemos recaudado donativos durante la misa y por eso nos encontramos con grandes dificultades económicas

A pesar de los daños causados por el Covid-19, el convento, la Comisaría y la escuela de Buenos Aires siguen realizando su trabajo cada día.  “La Comisaría tiene una función muy importante porque es donde nos hacemos presentes en la sociedad argentina – continúa fray Luis –. Desde aquí intentamos dar a conocer la historia, los santuarios, las necesidades de Tierra Santa. La Custodia se sostiene gracias a la ayuda de los cristianos en el mundo, pero ahora la crisis es global”. Durante la jornada de la Colecta Pro Terra Sancta, que en Argentina tuvo lugar el 15 de agosto, el 90 por ciento de las iglesias del país estaban cerradas y por eso las cantidades recaudadas fueron muy bajas.

Antes de la pandemia, la Comisaría de Buenos Aires también era muy activa organizando peregrinaciones a Tierra Santa. “Muchas personas, al volver de Tierra Santa, contaban que habían comprendido la importancia de nuestro trabajo y por eso las peregrinaciones son muy importantes – explica el fraile – Para dar a conocer la riqueza de Tierra Santa, hoy sigue siendo importante la difusión de la revista Tierra Santa”.

Debido al confinamiento prolongado, los colegios en Argentina han permanecido cerrados y entre ellos, también el Instituto Tierra Santa.  Las clases para los chicos mayores (tienen alumnos de los 3 a los 18 años) siguieron impartiéndose online, a pesar de las diferencias sociales, que no permiten a todos disponer de un equipamiento tecnológico adecuado.  La escuela, que se ha visto afectada por las dificultades de muchas familias para pagar las cuotas anuales, tiene una historia muy antigua. Fundada en 1896, obtuvo reconocimiento oficial en 1956 y desde 1961 desarrolla su actividad sin interrupción.

 La pandemia del Covid-19 ha sido un tiempo de prueba para los frailes del convento: “Esta situación nos ha empujado a intensificar la oración, a estar más unidos como comunidad y a tener paciencia entre nosotros – afirma fray Luis –. Nos dividimos el trabajo, yo hacía la comida y otro fraile me ayudaba en la cocina.  Doy gracias a Dios porque no nos falta alimento, cama y techo, pero esta situación ha sido útil para volver a las fuentes de nuestra forma de vida: el franciscanismo. Como decía uno de mis formadores: comeremos el mismo pan que come la gente más humilde, porque solo así podemos conocerles. Por eso, cuando empezó la pandemia, redujimos nuestro consumo, para ponernos en las mismas condiciones que nuestra gente. Las personas necesitan testimonios, hechos reales y no palabras”.

A pesar de los miles de kilómetros que separan el convento de Buenos Aires de la Tierra de Jesús, el vínculo es muy profundo: “Los frailes sentimos la Tierra Santa como nuestra casa, nuestra madre. Nos hemos formado en Tierra Santa, somos sus hijos aunque vivamos lejos, en Argentina, aunque yo soy argentino – concluye fray Luis –. La Tierra Santa es nuestro centro, nuestro todo.  Nos duele pensar que en este momento no podemos ayudar a la Tierra Santa con ayuda económica, pero al menos lo hacemos con la oración”.


 

 

Beatrice Guarrera