Saludos entre las Iglesias bajo el signo de la unidad y del recuerdo

La Pascua de este año adquirió un significado distinto del habitual en Tierra Santa, lugar por excelencia del misterio pascual. Por primera vez en años, iglesias cristianas de distintas confesiones celebraron la Resurrección el mismo día, un acontecimiento que suscitó un profundo sentimiento de unidad y comunión entre las diversas confesiones.

En este ambiente de intensa espiritualidad y reconciliación, los tradicionales saludos pascuales entre las iglesias se celebraron con renovado fervor y respeto mutuo. Las visitas fraternas entre los representantes de las confesiones -católica latina, ortodoxa griega, armenia, copta, siríaca y etíope- estuvieron marcadas por gestos de paz, abrazos sinceros y palabras que subrayaban la fe común en Cristo resucitado.

La Custodia de Tierra Santa, corazón palpitante de la presencia franciscana en los santos lugares, recibió y devolvió la visita con espíritu de servicio y fraternidad. La Pascua compartida este año es un signo de nuestra fe común en Cristo y nos recuerda que, a pesar de las diferencias, todos somos testigos del mismo acontecimiento fundamental: la victoria de la vida sobre la muerte. Este fue el mensaje del Custodio de Tierra Santa durante su saludo al Patriarcado Greco-ortodoxo.

Sin embargo, la alegría pascual también estuvo acompañada de un momento de dolor y reflexión: el regreso a la casa del Padre del Sumo Pontífice, el Papa Francisco. El duelo por la pérdida del Santo Padre unió aún más a las comunidades cristianas de Tierra Santa, que quisieron recordarle en los saludos oficiales.

“El Santo Padre fue un pastor que amó profundamente esta tierra – afirmó Antonius, el Patriarca Copto de Jerusalén – y también fue muy querido por nuestra comunidad por su espíritu humilde y su cercanía a los últimos de este mundo”. También las otras Iglesias expresaron sus condolencias y cercanía a la Iglesia de Roma, fortaleciendo el sentido de solidaridad ecuménica.

El mensaje de Pascua del Papa Francisco, subrayó el Custodio Fr. Francis Patton, es para la Custodia y la Iglesia un testamento espiritual: su dedicación a Tierra Santa y a la paz entre los pueblos que allí viven han sido y serán un importante apoyo a la misión franciscana y al pueblo de Dios.

En una tierra marcada por divisiones, la celebración común de la Pascua y la memoria compartida de un pastor universal surgen como signos de esperanza, semillas de comunión que continúan brotando entre las piedras milenarias de Jerusalén.


Francesco Guaraldi

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