Memoria de la Pasión en Getsemaní a la espera del triduo pascual

El miércoles santo en Jerusalén comenzó a primera hora de la mañana con la misa solemne en el santuario de la Agonía en Getsemaní, situado en la ladera del Monte de los Olivos.

Primero, los frailes de la Custodia, que llegaron en procesión al convento de San Salvador, se reunieron para la misa en la iglesia de las Naciones, contigua al jardín de Getsemaní y luego, siempre en procesión, se trasladaron a la basílica del Santo Sepulcro para la tradicional veneración de la columna de Cristo.

La misa, celebrada por el vicario custodial Dobromir Jasztal, fue introducida por el canto Vexilla Regis, solemne himno a la cruz que lleva a la asamblea al recogimiento y la reflexión sobre el misterio de la Pasión, de cara al triduo pascual.

La liturgia de la Palabra empezó con el pasaje del profeta Isaias que describe imágenes premonitorias de las penas sufridas por Cristo: “Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no escondí el rostro ante ultrajes y salivazos” (Is 50, 6). A continuación, se cantó el evangelio de la Pasión según Lucas (Lc 22, 14-23, 56).

En Jerusalén, a diferencia del resto del mundo, durante la Semana Santa se proclama la Pasión de los cuatro evangelios canónicos. Además del evangelio del Domingo de Ramos, que cambia y se alterna dependiendo del año litúrgico de referencia, y del fijo de Juan del Viernes Santo, en Jerusalén se proclaman los otros dos evangelios el martes y el miércoles de la Semana Santa, respectivamente.

Durante la proclamación del evangelio, en el momento en que se describe la hora delabatalla decisiva de Jesús, cuyo sudor se transformó “en gotas de sangre que caían al suelo”, el sacerdote interrumpió la lectura e, inclinándose, besó la Roca de la Agonía, situada delante del altar.

Después de la misa en Getsemaní, los frailes se dirigieron a la ciudad vieja de Jerusalén para llegar a la basílica del Santo Sepulcro donde, en la capilla de la Aparición, se conserva una columna que, para los cristianos, se manchó de la sangre de Cristo durante su flagelación.  De hecho, la tradición marca el miércoles santo como día de la veneración de la columna a la que fue atado Jesús antes de su condena a muerte. Las noticias sobre este culto se remontan al siglo IV, cuando la peregrina Egeria dio a conocer la veneración de esta columna situada entonces en el Cenáculo; hasta el siglo XIV no fue trasladada al Santo Sepulcro, donde aún se custodia en la actualidad.

Luego, los frailes, junto con la asamblea, entonaron el himno “Columna nobilis” antes de ponerse en fila uno a uno para rendir homenaje a la reliquia.

 

Filippo De Grazia