Las hermanas de Santa Isabel, al servicio de los peregrinos en la casa María Niña de Jerusalén

Celebración eucarística presidida por el Custodio de Tierra Santa con motivo de la festividad de Santa Isabel de Hungría

The sisters Figlie di Santa Elisabetta in the chapel of the Maria Bambina house on the Feast day of St Elisabeth
The sisters Figlie di Santa Elisabetta in the chapel of the Maria Bambina house on the Feast day of St Elisabeth

El 17 de noviembre, en la capilla de la casa María Niña de Jerusalén, el Custodio de Tierra Santa, fray Francesco Patton, celebró la santa misa con motivo de la fiesta de Santa Isabel de Hungría, patrona de la Orden Franciscana Seglar. En ella se inspira también el carisma de las hermanas franciscanas Hijas de Santa Isabel que, desde hace años, prestan aquí su valioso servicio, también en la casa de acogida María Niña, que pertenece a la Custodia de Tierra Santa.

El nombre de la casa, “María Niña”, está ligado a su función original, que era la de acoger a los niños huérfanos, y quiere evocar la infancia de María que, según la tradición, transcurrió en Jerusalén. La gran estructura se encuentra en el corazón de la ciudad vieja, a unos pasos de la basílica del Santo Sepulcro, que se puede admirar desde la gran terraza del último piso: la casa ofrece hospitalidad y alojamiento a los numerosos peregrinos que visitan los santos lugares y a los voluntarios que deciden realizar diversas actividades para apoyar a la Tierra Santa.

«Nuestra familia religiosa nació en el Alto Casentino, en Italia, en 1888, y está en misión en Tierra Santa desde 2016, año en que empezamos a acoger a los jóvenes peregrinos que paran en Jerusalén – explica sor Laura, la superior de la comunidad –. Aquí, en la casa María Niña, podemos ofrecer un alojamiento confortable y adecuado a familias y grupos que encuentran un ambiente acogedor y hospitalario a pocos metros de los lugares santos más importantes de la ciudad». Los peregrinos se alojan en régimen de autogestión: la casa les ofrece los servicios y cocinas equipadas con todo lo necesario para su estancia. «En los últimos años, la casa se ha convertido en un punto de referencia sobre todo para los grupos de jóvenes: en esta época – continúa sor Laura – cada semana recibimos una media de 50 peregrinos, pero en los meses estivales la casa está completa, y las 120 plazas disponibles están ocupadas».

«Nuestra comunidad quiere ofrecer una idea de internacionalidad a los que llegan – subraya sor Nila, boliviana –, por eso las hermanas venimos de todos los países donde nuestra congregación está presente, es decir, Bolivia, India, Filipinas, Indonesia y Vietnam». Los huéspedes, procedentes de todo el mundo, siempre están invitados a participar en los laudes con las hermanas, por la mañana, y en la misa de los jueves, que se celebra en la capilla de la casa. «Para nosotras es una alegría albergar a jóvenes y grupos aquí en Tierra Santa, y gestionar una casa en la que se sientan acogidos durante su peregrinación. La iglesia interior, dedicada a María Niña, es el corazón de la casa y siempre está disponible para los grupos que deseen celebrar la Eucaristía con el sacerdote que los acompañe».

Las hermanas de Santa Isabel representan una ayuda indispensable para la Custodia de Tierra Santa: además de acoger a los peregrinos en María Niña, sus actividades también se llevan a cabo en el Terra Sancta Museum en el convento de la Flagelación (donde sor Elisabetta se encarga de la taquilla), en el convento de San Salvador (donde sor Martina, sor Michelle y sor Mariella trabajan en la cocina, la sacristía, la sastrería y la lavandería), en la enfermería de la Custodia (donde prestan servicio sor Jessica y sor Nila) y en la biblioteca del Studium Biblicum, donde colabora sor Laura.

Por eso, la celebración de su festividad fue especialmente alegre y contó con la participación de muchos frailes de la Custodia, pero sobre todo de muchos voluntarios y peregrinos que actualmente se hospedan en la casa María Niña, que quisieron compartir con las hermanas de Santa Isabel la alegría de esta jornada.  «Isabel de Hungría nos recuerda que la santidad no es una cuestión de edad o de estar casado o ser religioso o soltero, sino que depende de la calidad evangélica de la vida – subrayó en su homilía el Custodio de Tierra Santa, fray Patton –. La santidad consiste en reconocer y acoger a Jesucristo íntegramente, con una radicalidad cristiana a la que debe tender cada uno de nosotros, sea cual sea la condición en que nos encontremos en nuestra vida».

El afecto que une a las hermanas de Santa Isabel a la Custodia de Tierra Santa es evidente en las palabras de saludo que sor Laura dirigió a la asamblea al final de la celebración en las que, además de dar las gracias al Custodio, fray Francesco Patton («en cierta manera, lo sentimos como un padre», afirmó), nombró uno a uno a todos los que habían hecho posible la fiesta, que concluyó con un ágape fraternal en el patio de la casa.

Silvia Giuliano