Lárnaca: el compromiso de la Custodia por apoyar a las comunidades católicas

Lárnaca, la tercera ciudad más poblada de Chipre, situada en la costa sureste de la isla, es también la sede de una de las cuatro parroquias latinas: se llama Santa María de las Gracias y está dirigida por los frailes franciscanos de la Custodia de Tierra Santa. El compromiso y la entrega de los franciscanos por la comunidad local, compuesta sobre todo por migrantes, hunden sus raíces en la historia. La presencia franciscana en Lárnaca se remonta a las primeras décadas del siglo XIV, cuando surgió un convento en el antiguo centro portuario de Citium (Lárnaca).

Tras la conquista otomana de Chipre (1571) – que masacró o redujo a la esclavitud a todos los cristianos – los franciscanos fueron los únicos religiosos occidentales que obtuvieron permiso para regresar a Chipre. La de Lárnaca fue una de las primeras iglesias que se reconstruyó en Chipre, después de la llegada de los frailes en 1593, pero el edificio de la parroquia actual es de principios del siglo XIX.

En la actualidad, el párroco de Lárnaca es fray Gabriel Vormawah, de origen ghanés, que está en Chipre desde hace unos trece años, y realiza su servicio con la ayuda del vicepárroco fray Raymond Camillieri, natural de Malta. “Cuando llegué como párroco, los fieles eran como ovejas sin pastor. Asistían a misa pero no se involucraban en ningún servicio en la parroquia ni en ninguna actividad”. Su compromiso pastoral, por tanto, fue hacerse cargo de esta grey y conseguir que nacieran varios grupos y movimientos que hoy animan la vida de la parroquia.

“Aquí en Lárnaca tenemos una gran iglesia, pero pocos feligreses. Dependemos de los donativos de la gente y a veces no es fácil salir adelante, también porque nuestra iglesia necesita restauración – explica fray Gabriel –. Aún así, yo siempre digo que Lárnaca es un pequeño paraíso para mí. Cuando entro en la iglesia siento el asombro y la alegría de rezar aquí, porque amo a nuestra gente”.

Cada domingo, los dos sacerdotes de la iglesia de Santa María de las Gracias celebran seis misas, para poder estar cerca de todos los fieles que tienen diferentes idiomas y procedencias: griegos, filipinos, ingleses, ceilandeses, irlandeses. La capilla de las hermanas del Sagrado Corazón Inmaculado de María, contigua a la parroquia, es también el lugar de oración de otra realidad católica de Lárnaca, los maronitas. Las mismas hermanas gestionan, con incansable servicio, una residencia de ancianos dependientes.

Además del trabajo en la parroquia de Lárnaca, fray Gabriele y fray Raymond también van cada semana a las ciudades de Ayia Napa y Paralimni, para proporcionar apoyo espiritual a las pequeñas – pero fervientes – comunidades de fieles latinos que viven allí.  

“En Paralimni, en el pasado, celebrábamos la misa en un garaje, hasta que un día decidimos reunirnos con el obispo greco-ortodoxo para pedirle un espacio para nuestras celebraciones”. La de Paralimni es una historia de hermandad y disponibilidad que el párroco de Lárnaca recuerda con alegría: “El obispo ortodoxo era amigo de mi predecesor y, además, estaba bien predispuesto hacia los católicos porque, cuando estuvo en Italia para estudiar, fue hospedado por católicos. Por eso, nos permitió celebrar en la iglesia del Arcángel Gabriel, aunque no en su mismo altar”.

También en Ayia Napa la misa para los latinos se celebraba antes en un hotel, pero después se llegó a un acuerdo para recibir hospitalidad en una pequeña capilla. “Los fieles – aunque llueva, haga frío o azote el calor del verano – no se quejan nunca de la iglesia, son felices, cantan, tocan la guitarra y luego vuelven a casa con alegría y serenidad”. Desde que la pandemia limitó las actividades presenciales y empezaron las restricciones del gobierno para prevenir los contagios, el párroco ha ideado una manera de estar cerca de los fieles: recitar una breve oración, dar la bendición y distribuir la comunión a los presentes.

La reciente visita del papa Francisco a Chipre ya ha dado frutos en la comunidad local, frutos de fraternidad y comunión. De hecho, fueron muchos los ortodoxos y protestantes que quisieron unirse a los momentos de oración con el Papa, especialmente a la misa en el estadio de Nicosia. “Llenamos varios autobuses que salieron de Lárnaca y, al regresar, todos estaban llenos de alegría. Me emocionaron mucho las palabras del Papa, cuando dijo que no es necesario hacer proselitismo. Dios nos creó a su imagen, pero tenemos distintos caracteres, distintos idiomas, distintos colores. Sin embargo, todos pertenecemos a la misma familia de María y José”.


 

Beatrice Guarrera