Getsemaní: segunda peregrinación cuaresmal 

El miércoles 23 de marzo, en la basílica de la Agonía, tuvo lugar la segunda de las peregrinaciones franciscanas de Cuaresma.

Entrandogradualmente en el misterio de la Pascua, los frailes, acompañados por un grupo de fieles, recordaron el momento probablemente más oscuro de la vida pública de Jesús, el de la traición a manos de Judas Iscariote.  Preludio de su pasión, este acontecimiento muestra toda la humanidad de Cristo que, según el evangelista Mateo, “empezó a sufrir tristeza y angustia”.

La misa se celebró en el sugerente marco del santuario de Getsemaní que se alza en la ladera suroccidental del Monte de los Olivos, en la iglesia –también conocida como basílica de las Naciones – diseñada por el arquitecto italiano Antonio Barluzzi en la década de 1920. Para acceder a la iglesia el recorrido invita a los visitantes a rodear el huerto que conserva olivos muy antiguos, algunos de los cuales proceden de una única cepa que, con toda probabilidad, data de la época de Jesús.

La entrada al santuario evoca en quien entra una sensación de inmersión en la sombra que permite el recogimiento de los fieles y el inicio de una experiencia de oscuridad que el mismo arquitecto Barluzzi pretendía provocar en el visitante: “se siente la noche”, anotó en sus escritos.

Presidió la misa solemne fray Stéphane Milovitch, ofm. Como en la liturgia de la semana pasada en el DominusFlevit, la homilía corrió a cargo de Don Carlo Adesso, de la diócesis de San Marino-Montefeltro.

El predicador se detuvo para empezar en la figura de Judas Iscariote, protagonista de la traición que, en la finca de Getsemaní, representa solo el acto final de una oscura conducta que ya había comenzado mucho antes, en Cafarnaún; en esa ocasión la traición de Judas – señaló don Carlo – “se sitúa en un marco eucarístico” (Jn, 6,70). La referencia a la Eucaristía no es casual, dado que el apóstol en cuestión vuelve a aparecer en la última cena del Señor: “..., Jesús se turbó en su espíritu y dio testimonio diciendo: «En verdad, en verdad os digo: uno de vosotros me va a entregar […] «Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado». Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote” (Jn 13,21.26).  Se ha apuntadoque el cristianismo antiguo usaba el mismo término griego que el evangelista Juan usa para “trozo de pan” para designar la hostia consagrada; “La fidelidad o la traición de Cristo, por tanto, entran en juego en nuestra relación con el Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, presente en la Eucaristía”.

Pero, ¿por qué razón Judas persevera en su conducta traidora? “¿Por qué permanecióen el Cenáculo, hasta profanarlo, cumpliendo esa promesa eucarística que Jesús hizo en el mar de Galilea?” La respuesta, según el predicador, se puede encontrar en las palabras de Benedicto XVI que señaló que Júdas no se quedó con Cristo por amor, ni tampoco por fe, sino por venganza: “Judas se sentía traicionado por Jesús, y decidió que, a su vez, también iba a traicionarlo. Judas era zelote y quería un Mesías vencedor, que dirigiese una revuelta contra los romanos. Jesús había defraudado estas expectativas”.

La homilía concluyó con una exhortación a no cometer nunca el error de Judas, es decir, sentirse defraudados por el hecho de que Dios no sea como nos lo imaginamos o deseamos.

Antes de la bendición, el guardián de la basílica, fray Benito Choque, invitó a la asamblea a orar por los que aún están luchando contra el virus del Covid 19 y por la paz “no solo en Ucrania, sino en todos aquellos lugares donde existe injusticia y violencia”.

 

Filippo De Grazia