Descubriendo la delegación de Tierra Santa en Roma

Photo courtesy of Edizioni Terra Santa, taken from the book: "Il Casino Giustiniani Massimo al Laterano" (M. Minati, Edizioni Terra Santa 2014)
Photo courtesy of Edizioni Terra Santa, taken from the book: "Il Casino Giustiniani Massimo al Laterano" (M. Minati, Edizioni Terra Santa 2014)

Cuando en 1948 los frailes menores de la Custodia de Tierra Santa adquirieron el Casino Giustiniani Massimo en Roma, lo hicieron sobre todo con la idea de poder ofrecer a sus compañeros una “casa” a dos pasos de la monumental basílica de San Juan de Letrán, donde quedarse durante sus viajes y para estudiar en Italia. Así lo cuentafray Giuseppe Ferrari, delegado del Custodio en Italia, en la introducción al volumen publicado por Edizioni Terra Santa que recoge su historia.  Ese lugar, con un pasado increíble, se convirtió desde ese momento en la sede de la delegación de Tierra Santa de Roma. La delegación sigue desempeñando un importante papel de representación del padre Custodio en Roma para todas las cuestiones referidas a las relaciones con el Vaticano en sus distintos dicasterios, como la Secretaría de Estado y la Congregación para las Iglesias orientales.

“Desde 2010 estoy en Roma como delegado del Custodio de Tierra Santa, pero la historia de la delegación es mucho más antigua – explica fray Giuseppe Ferrari –. En la segunda mitad del siglo XIX, de hecho, se suprimió el convento de Ara Coeli donde se encontraba la Oficina de Misiones, que también albergaba a un representante de la Custodia de Tierra Santa. En ese periodo, el Vaticano decidió crear la Congregación de las Iglesias Orientales y de ahí surgió la necesidad del Custodio de Tierra Santa de tener un delegado en Italia, porque no había las posibilidades de comunicación con Italia que existen hoy”.

Más tarde, además, el ministro general de la Orden de los Frailes Menores quiso empezar la construcción de la universidad Antonianum de Roma, cerca de la cual se encuentra hoy la sede actual de la delegación de Tierra Santa. Cuando, justo después de las dos guerras mundiales, se buscaba una sede en Roma, los frailes sugirieron un edificio no muy lejos de la Antonianum, conocido como Casino Giustiniani Massimo.

En la sede de la delegación de Tierra Santa, la Custodia también aloja a los frailes que realizan estudios en Roma, en las distintas universidades pontificias. “En la actualidad somos nueve frailes, la mayoría estudiantes – cuenta fray Giuseppe Ferrari –. El nuestro es un convento un poco especial, porque no tenemos una iglesia abierta al exterior y nuestra vida está marcada sobre todo por los ritmos de la vida de estudio en las universidades pontificias. También llevamos a cabo una labor de acogida a los frailes de la Custodia que viajan de una parte del mundo a otra y tienen que parar aquí por diferentes motivos, como solicitudes de visados o prácticas de ciudadanía”.

El delegado del Custodia en Italia depende directamente del Custodio de Tierra Santa y está encargado de varios temas relacionados con la Congregación de las Iglesias Orientales, como por ejemplo todo lo que se refiere a la colecta Pro Terra Santa, de cuyo éxito depende buena parte del sostenimiento de la Custodia. Además, hay asuntos relativos a las propiedades de la Custodia en Italia, que necesitan una atención especial como el caso, por ejemplo, de loslegados testamentarios.  El delegado del Custodio en Italia también se interesa por la gestión de las comunidades de frailes de Tierra Santa en Italia, como la de la Comisaría de Nápoles y la fraternidad de Montefalco, donde están los postulantes de la Custodia de Tierra Santa.

El edificio central donde tiene su sede la delegación también tiene una historia importante que no es muy conocida.

La construcción se remonta a los primeros años del siglo XVII, precisamente entre 1605 y 1618, a instancias del marqués Vincenzo Giustiniani(1564-1637), uno de los más ilustres coleccionistas y mecenas del siglo XVII.  Su gran pasión era la escultura romana y por eso la villa, que era representativa, se convirtió en la sede de una impresionante colección personal. Además de tener acceso a lavía Merulana, que en esa época era la vía Gregoriana, la calle por donde pasaban las grandes procesiones pontificias, Giustiniani quería hacer ostentación de su riquezacon esta villa (cuyo jardín era muy extenso). Banquero procedente de Génova, el marqués Giustiniani garantizaba con sus finanzas el pago a los artistas de la corte pontificia.

Posteriormente, la villa pasó a manos de la familia Massimo, que en el momento de la unificación de Italia tomó la decisión de dividir los terrenos que rodean la villa. Así, parte del patrimonio escultórico de Giustiniani fue vendido a Francia, y pasó a formar parte del fondo antiguo del museo del Louvre. Otra parte fue requisada por el estado italiano y en la actualidad se encuentra en el museo del Palazzo Massimode Roma.

De finales del siglo XIX es el conocido ciclo pictórico de los Nazarenos, todavía visible hoy, por el que es famosa la villa. La princesa Massimo, de hecho, había acogido a una congregación de pintores alemanes que afirmaban que para recuperar el catolicismo en Europa era necesario volver a los parámetros del Renacimiento y al gran poema italiano. Actualmente, quedan del paso de los pintores las representaciones en las paredes de tres salas, con escenas extraídas de la Divina Comedia, el Orlando Furioso y la Jerusalén Liberadarespectivamente.

Años después, se unió en matrimonio con una princesa Massimo un noble de la casa Lancillotti, que tuvo en sus manos la villa en el periodo entre las dos guerras.  Gracias al pasado vinculado a los pintores alemanes que pintaron tres habitaciones de la villa, Lancillotti consiguió obtener un contrato de alquiler con la embajada alemana en Italia, abriendo en la villa un círculo cultural alemán.

Durante la ocupación de Roma, en la Segunda Guerra Mundial, Alemania consideró natural situaren la villa el mando de los oficiales de la Gestapo. De hecho, la calle paralela a la de la villa, vía Tasso, es tristemente famosa por ser la sede de los interrogatorios y la reclusión de los prisioneros políticos capturados por la Gestapo.

Cuando llegó la paz, al final de la Segunda Guerra Mundial, la villa fue saqueada. Fue entonces cuando el edificio llamó la atención de los frailes, que buscaban una sede para la delegación de Tierra Santa en Roma. Antes de instalarse, los frailes hicieron construir dos alas laterales, para disponer de una capilla para la oración común, habitaciones para albergar a los frailes y servicios para la comunidad.  Desde entonces, la villa es la sede oficial de la delegación de Tierra Santa en Italia.

 

 

Beatrice Guarrera