25 de febrero de 2026 - Primer Miércoles de Cuaresma - fray Johnny Jallouf

Evangelio del día meditado por el fray Johnny Jallouf, Convento de Santiago Apóstol

25 Feb 2026

25 de febrero de 2026
I Miércoles de Cuaresma
Fray Johnny Jallouf

Que el Señor os dé la Paz. Soy el P. Johnny Jallouf, párroco en Beit Hanina, y les hablo desde Jerusalén Este.

Jesús se encuentra ante gente que le pide una señal. No quieren escuchar, quieren ver. Desean algo evidente, algo que no deje lugar a dudas. En el fondo, es una petición que se parece mucho a la nuestra. Cuando pasamos por momentos confusos o pesados, cuántas veces decimos en nuestro interior: Señor, ayúdame a comprender, muéstrame algo. Sin embargo, Jesús no satisface esta expectativa. No ofrece un espectáculo, no concede pruebas. Simplemente dice que no se dará ninguna señal, excepto la señal de Jonás.

En el Libro de Jonás encontramos a un profeta frágil y asustado que huye y es tragado por el pez antes de volver a su misión. Y precisamente él se convierte en palabra para toda una ciudad. No hace milagros. Habla. Y sorprendentemente esa ciudad escucha de verdad. Entonces Jesús recuerda a la reina de Saba, que emprende un largo viaje para escuchar la sabiduría de Salomón. No exige signos, no pide pruebas, busca sabiduría. Y ese deseo la pone en camino.

Y Jesús concluye: "Aquí hay uno más grande que Jonás, más grande que Salomón". Ese "aquí" es decisivo. Aquí, ahora. No en otro lugar, no en alguna experiencia extraordinaria. En su persona. El problema no es la falta de signos, sino el corazón que no quiere implicarse. Uno puede ser testigo de un milagro y permanecer cerrado. Uno puede escuchar el Evangelio y posponer el cambio.

Podemos buscar a Dios por lo que hace, pero no por lo que es. Por eso el verdadero signo no es un espectáculo, es Cristo mismo, en su vida entregada, en su cruz, en su resurrección. Un amor que no fuerza, que no se impone, sino que se ofrece. El mayor riesgo no es no ver los signos. Es acostumbrarse. Acostumbrarse a Dios como a algo que se da por descontado, algo ya conocido. Y, sin embargo, los signos están ahí, a menudo pequeños y silenciosos, una palabra que nos llega a lo más profundo, un encuentro que nos conmueve, una luz repentina en medio de la dificultad. Nada sensacional, pero suficiente para darnos cuenta de que Dios está cerca.

Quizá el Evangelio de hoy no nos pide que busquemos cosas extraordinarias, sino que aprendamos a reconocer las sencillas. Que tengamos el asombro de los que todavía saben conmoverse. Tener el coraje de los que se toman en serio una palabra que han oído.

Estamos en Cuaresma, un buen momento para hacer espacio. No para añadir cosas, sino para quitar lo que nos llena innecesariamente. Un poco menos de ruido, un poco menos de prisa, un poco más de silencio. Porque la Palabra de Dios no grita. Habla en voz baja.

La cuestión no es si Dios habla. La cuestión es si realmente queremos escuchar hoy, y dejarnos cambiar.

Paz y bien desde Tierra Santa.

El contenido de este sitio web es propiedad de la Custodia de Tierra Santa. Queda prohibida la utilización de textos o imágenes por parte de terceros sin el consentimiento expreso de la Custodia de Tierra Santa. Copyright © Custodia de Tierra Santa - Todos los derechos reservados.

Video

Noticias relacionadas

< Volver a todas las noticias
Mantente en contacto

Suscríbase al boletín para estar al día

Subscription Form ES

@custodiaterraesanctae

© 2024 Custodia Terrae Sanctae | CF: 02937380588 |
Privacy Policy
-
magnifiercrosschevron-down