
El sábado 6 de diciembre Belén vivió un momento de profunda emoción, miles de personas se reunieron en la plaza para asistir al encendido del árbol de Navidad, un gesto sencillo pero lleno de significado, que marca el regreso de una tradición profundamente arraigada en la ciudad que dio a luz al Salvador.
Después de dos años sin decoraciones y con celebraciones reducidas al mínimo, en señal de solidaridad hacia la población de Gaza, Belén volvió a iluminarse. Fue una fiesta esperada y sentida por toda la comunidad, cristianos de todas las confesiones, musulmanes, familias, niños, scouts, representantes diplomáticos y periodistas internacionales, todos unidos en el deseo de compartir un raro momento de alegría.
Entre los presentes también se encontraban los frailes de la Custodia de Tierra Santa, entre ellos Fray Rafael Tayem, párroco de Belén, y Fray Francesco Ielpo, Custodio de Tierra Santa.

Durante dos años la ciudad había renunciado a las luces, a los mercadillos a lo largo de Star Street y al bullicio que tradicionalmente acompaña el periodo navideño. Este año, en cambio, se vuelve a respirar un ambiente festivo, una señal tímida pero decidida de esperanza y de recuperación.
Las dificultades siguen siendo enormes. El alto el fuego del 9 de octubre no ha producido los resultados esperados, ni en el plano humanitario ni en el económico. Las calles siguen casi sin turistas, faltan trabajo y perspectivas, sobre todo para los jóvenes y para los padres que miran al futuro con preocupación.
Y sin embargo, celebrar la Navidad de esta forma alegre reaviva la esperanza en las personas. Devuelve el deseo de estar juntos, de encontrar un significado incluso en las pruebas más duras, recordando que la vida continúa y que la fuerza generadora y pacificadora del Señor, nacido precisamente aquí, no falta.

La ceremonia fue animada, rica en intervenciones institucionales y en momentos musicales y culturales. Entre los saludos internacionales estuvo también el de Andrea Bocelli, presente con un videomensaje y una pieza interpretada especialmente. En la plaza estaban también el alcalde de Asís y el alcalde de Belén, Maher Nicola Canawati, quien dirigió un mensaje a la ciudadanía pero también a los representantes internacionales presentes. Una petición de paz, de esperanza para Belén, Palestina y el mundo entero.
Los scouts de Tierra Santa abrieron el evento con un desfile por la plaza, seguido de la interpretación del himno nacional palestino. Artistas y músicos locales presentaron después una actuación vídeo-musical titulada "From the Shadows of War, Peace Is Born", un himno a la resiliencia y al deseo de paz.
Después de la bendición conjunta de los representantes de las diferentes Iglesias cristianas, católica, ortodoxa y armenia, llegó el momento más esperado, la cuenta atrás y el encendido del árbol de Navidad, que ahora se yergue luminoso en la Plaza del Pesebre, símbolo de una esperanza que, a pesar de todo, sigue brillando.

Después de dos años de oscuridad, Jerusalén volvió a brillar con las luces de Navidad. Los estudiantes de la Terra Santa School y sus familias pudieron celebrar nuevamente el inicio del periodo navideño en un clima de alegría compartida, redescubriendo el valor de reunirse, cristianos y musulmanes, niños y jóvenes del liceo, alrededor de los símbolos de la fiesta.
El evento del domingo 7 de diciembre, el tradicional "Christmas Festival", animó durante toda la tarde el patio y los espacios de la escuela, puntos de comida, puestos fotográficos, música, espectáculos de los estudiantes y, para concluir, el tan esperado encendido del árbol colocado en la azotea del instituto, momento culminante que reunió a todos bajo una misma luz.
También este año la fiesta contó con la participación de numerosas autoridades civiles y religiosas, entre ellas el Nuncio Apostólico Mons. Tito Yllana, el obispo auxiliar Mons. William Shomali, el cónsul italiano en Jerusalén Domenico Bellato, además de muchos frailes de la Custodia de Tierra Santa, como el Vicario Custodial Fray Ulise Zarza y el Custodio de Tierra Santa Fray Francesco Ielpo.

Entre las actuaciones más emocionantes de la tarde destacó la de los estudiantes de la Helen Keller School de Beit Hanina, que regalaron a los presentes un momento de gran emoción con sus cantos navideños interpretados en coro.
La escuela Helen Keller, dirigida por Fray Paulo Paulista, acoge a unos 600 estudiantes con diversas formas de discapacidad, ceguera, baja visión, capacidad auditiva reducida, discapacidades motoras y otras dificultades de aprendizaje, y representa un punto de referencia esencial para muchas familias de Jerusalén y alrededores. Su participación en el Christmas Festival no es solo una aportación artística sino un mensaje concreto de inclusión, integración y valoración de las capacidades de cada estudiante.
Los alumnos, acompañados por sus profesores, prepararon este breve concierto con cuidado y dedicación. Sus voces, sostenidas por el entusiasmo del público, transformaron el patio de la Terra Santa School en un espacio de auténtica comunión. Cada nota transmitía la fuerza y la determinación de quienes, a pesar de las dificultades, eligen participar plenamente en la vida comunitaria y compartir talentos y sensibilidad.
La actuación del coro fue recibida con un largo aplauso y representó uno de los momentos más significativos de toda la jornada, recordando a todos que la Navidad es, ante todo, acogida y apertura hacia el otro.

La fiesta vio también a numerosos estudiantes de la Terra Santa School presentarse en monólogos poéticos, actuaciones musicales y breves espectáculos, cada uno contribuyendo a crear un mosaico de colores, sonidos y emociones que llenó la tarde. Para muchos jóvenes este evento representa una de las ocasiones más esperadas del año, una forma de expresar su creatividad y de recuperar un sentido de normalidad y serenidad.

El Christmas Festival 2025 confirmó así su papel de puente entre comunidades, generaciones y culturas diferentes. Un momento de alegría sencilla pero profunda, que este año más que nunca recordó lo preciosos que son la luz, la compartición y la belleza de las pequeñas cosas.
Francesco Guaraldi
