“Un nombre y un futuro” para los niños de Alepo, víctimas de la guerra

Niños huérfanos, niños abandonados por sus propias familias, niños nacidos como consecuencia de violaciones y abusos: ellos, marginados por la sociedad entre los más débiles y vulnerables, son los destinatarios del proyecto “Un nombre y un futuro, promovido por los frailes franciscanos de la Custodia de Tierra Santa, en colaboración con la ONG Pro Terra Sancta. Durante el conflicto, Alepo estuvo dividida en dos partes durante años, hasta diciembre de 2016, cuando la ciudad volvió a manos del gobierno sirio. Alepo Este sigue siendo hoy una de las zonas más pobres y degradadas de la ciudad y precisamente allí es donde el vicario apostólico de Alepo, monseñor George AbouKhazen y el muftí de Alepo, MahmoudAkam, se dieron cuenta de una grave emergencia social. “Nos dimos cuenta de que en Alepo Este, la zona más afectada y miserable de la ciudad, dominada por los extremistas, habían nacido muchísimos niños que nunca fueron integrados en la sociedad. El nacimiento de muchos de ellos ni siquiera se había registrado – explica fray FirasLutfi, ministro de la región de San Pablo, que ha seguido el proyecto desde su fundación –. Este proyecto nació de la amistad entre el muftí y el obispo de Alepo, que lanzaron la idea, y luego, en su vertiente operativa, intervinimos yo mismo y una psicóloga que ya había colaborado en otros proyectos en el pasado”.

El primer objetivo era acoger a todos esos niños que nunca habían sido inscritos y buscar el modo de legalizar su existencia. “Luego nos dimos cuenta de que muchos de estos niños tenía discapacidades o retrasos en su aprendizaje y que no habían asistido al colegio desde hacía muchos años – continúa fray Lutfi –. Por eso, lanzamos dos programas distintos para resolver estas necesidades. También es importante el apoyo psicológico, porque muchos niños han vivido escenas horribles, perdido familiares, sufrido traumas…”

Los barrios del este de Alepo actualmente están habitados en su mayoría por mujeres y niños, ya que los padres han muerto, son desconocidos o han huido.  Por ello, el proyecto “Un nombre y un futuro”quería llegar también a las mujeres: “Hemos creado un programa de apoyo para las mujeres, porque si las madres están bien, también se beneficiarán los niños – afirma el ministro de la región de San Pablo –. Este programa incluye muchas dimensiones: la primera es dar apoyo a través de microcréditos a mujeres que ya son capaces de realizar determinados oficios. La segunda es la de iniciar itinerarios formativos para aprender a desarrollar un oficio.  Hay un tercer ámbito: el de la escuela. Muchas mujeres han sido obligadas a casarse a edad temprana, incluso siendo menores, cuando todavía no habían completado el ciclo escolar. A algunas de ellas, los yihadistas les habían impedido estudiar y formarse. Una vez liberadas, surgió en ellas el deseo de volver a estudiar”.

La Asociación Pro Terra Sancta ha financiado y promovido el proyecto y se ocupa de todos los aspectos, hasta la rendición de cuentas. “Un nombre y un futuro” ha supuesto la apertura de dos centros, en pequeños apartamentos situados en varias zonas, abiertos de la mañana a la noche. “No queríamos que fuese un gran orfanato, porque no queríamos que los niños perdieran a su familia o a los familiares con los que viven, aunque con frecuencia se trata de abuelos, tíos o conocidos – explica fray Firas –. Por eso hemos organizado programas que se realizan durante el día, gracias a la presencia de un equipo cualificado, de unas sesenta personas, y después, por la noche, los niños vuelven a casa”.

“Teníamos mucho interés en este proyecto, tanto para atender a estos niños, como para relanzar el diálogo, para decir que podemos vivir en una sociedad multiforme”, declaró el obispo monseñor Abu, en su intervención en 2020 en “Ventanas hacia Oriente Medio”, cita online periódica organizada por la comisaría de Tierra Santa del norte de Italia, en colaboración con el medio Terrasanta.net. El obispo explicó que el muftí de Alepo ha dado permiso a las parejas musulmanas para adoptar niños, algo que antes no estaba permitido. “Al colaborar con ellos y para ellos, hemos puesto una base fundamental para el futuro”, añadió el obispo.

Las celebraciones del octavo centenario del encuentro entre San Francisco y el sultán en Damieta, en Egipto, han dado pie también a fray FirasLutfi para reflexionar sobre el diálogo entre cristianismo e Islam: “Lo que tienen en común estas dos religiones es la atención a la persona humana y a la dignidad humana. Si se discute solo desde el lado dogmático, teológico, no se llega a ninguna parte con el diálogo, pero cuando trabajamos juntos por un objetivo que persigue la promoción del ser humano, hay mucho de lo que hablar”. Es precisamente el diálogo y el encuentro lo que cambia el mundo, según el franciscano consagrado.

“Esta guerra, a pesar de todas las atrocidades y el mal que ha causado, ha ofrecido nuevas oportunidades de encuentro – afirma fray FirasLutfi –. Por ejemplo, yo no había estado nunca en algunas zonas de Alepo este, pero la guerra ha abierto las puertas a nuestra presencia como franciscanos también en esos nuevos lugares. Y yo he ido con mi hábito franciscano, con mi carisma que es servicio y respeto hacia todas las criaturas, como decía San Francisco. También el carisma del papa Francisco nos ha inspirado en esta misión de ir a las periferias de la existencia. Donde está la persona más herida, marginada, allí es necesario hacer sentir el amor de Dios, como en el episodio del buen samaritano. Para mí, esos niños, esas mujeres, esos barrios, son como aquel pobre de Jericó abandonado en la calle medio muerto, y nosotrosqueremos hacer algo por ellos”.

 

 

Beatrice Guarrera