San Antonio: gran fiesta en Jaffa de Tel Aviv

El sábado 15 de junio, unos días después de la solemnidad de San Antonio, se celebró una gran fiesta en la parroquia franciscana de los emigrantes de Jaffa, que está dedicada al santo de Padua.

Más de 500 fieles participaron en la procesión que partió de la iglesia de San Pedro en Jaffa, y a la misa presidida por el Custodio de Tierra Santa, fray Francesco Patton.  Un festival de colores y sonidos, animado por las diferentes comunidades presentes. Las comunidades que participaron son aquellas a las que atienden y sirven los cuatro frailes franciscanos que viven en este convento: las comunidades árabe, africana, filipina, india, latinoamericana y polaca.
Como explica fray Agustín Pelayo Fregoso, mexicano, superior del convento y párroco: “los cristianos árabes fueron los primeros en llegar en 1631, cuando se fundó la parroquia: se establecieron aquí a pesar de que el compromiso primordial de la fraternidad en ese momento era la acogida a los peregrinos que llegaban por mar”.  Aunque desde el punto de vista histórico los árabes fueron los primeros en estar presentes, actualmente a nivel numérico las comunidades más grandes son la india y la filipina, seguidas de la latinoamericana y la africana.

El territorio que corresponde a la parroquia de San Antonio no se basa en un área definida de terreno sino en la pertenencia a una comunidad por razones lingüísticas o, como sucede a  muchos árabes cristianos de nueva generación que ya no hablan el árabe, simplemente por estar integrados en la fe católica. Las actividades de la parroquia son muy frecuentadas: los franciscanos realizan acompañamiento en los sacramentos y dirección espiritual; además, prestan ayuda concreta a las familias que lo solicitan.  Al igual que las celebraciones litúrgicas, también las actividades se dividen por comunidades lingüísticas, que con frecuencia se reúnen: “tenemos misas en konkaní (lengua indoaria hablada en la India), tagalo (el idioma más difundido en Filipinas), inglés, francés para los africanos, español, hebreo, polaco y la misa de los Neocatecumenales”, explica fray Agustín.

Incluso después de la apertura de la parroquia dedicada a Nuestra Señora del Valor, diseñada para los emigrantes, son muchos los que han decidido quedarse y continuar asistiendo a la parroquia de San Antonio.  Aunque muchos viven en zonas fuera de Jaffa, favoreciendo a otros barrios de Tel Aviv, debido al alto precio de los inmuebles, muchos fieles vuelven a encontrar allí fácilmente sus orígenes y su cultura. 

Son muchas las actividades de la parroquia, por ejemplo, el acompañamiento espiritual al cuerpo diplomático y los embajadores católicos que no encuentran en ningún otro lugar de la ciudad. Pero junto a estas particularidades, no faltan las dificultades. En primer lugar, señala fray Agustín, está la dificultad para elegir el idioma para la catequesis de los niños: “los árabes, por ejemplo, hablan árabe en casa pero yano saben leerlo porque muchos de ellos estudian y hablan en hebreo.  Lo mismo sirve para las nuevas generaciones de filipinos, africanos y latinoamericanos. Recientemente hemos empezado a transcribir el Padrenuestro árabe en hebreo para que los árabes puedan leerlo en su lengua materna”.


Giovanni Malaspina