
Tras un periodo de profunda incertidumbre causado por la guerra y el cierre de las escuelas, la escuela Terra Sancta de Ramla ha reabierto oficialmente sus puertas. Para los estudiantes y el cuerpo docente, el regreso al aula representa mucho más que una simple reanudación de las clases: es un paso fundamental para recuperar la "vida normal" y la estabilidad psicológica.
Fray Abdel Masih Fahim, director de la escuela, subraya cómo esta interrupción ha puesto de relieve un mensaje crucial para los jóvenes: la importancia de la paz. Más allá de la ausencia de miedo, Fray Fahim define la paz como la capacidad de vivir junto a los demás, partiendo de una "paz interior" que la escuela se compromete ahora a cultivar.
El regreso ha contado con el apoyo de una red dedicada de trabajadores sociales y consejeros escolares. Su objetivo es colmar las lagunas educativas y emocionales dejadas por el conflicto, garantizando a los alumnos una transición fluida desde el periodo anterior a la guerra hasta los planes de estudio actuales.
Para recuperar el tiempo escolar perdido, el instituto ha adoptado estrategias modernas aprobadas por el Ministerio de Educación. En primer lugar, la investigación potenciada por la inteligencia artificial: los estudiantes utilizan la inteligencia artificial para desarrollar competencias de investigación, aprendiendo a seleccionar los contenidos esenciales y evitar los marginales. Además, se ha prestado mucha atención al apoyo a distancia: incluso durante el punto álgido del conflicto, el personal mantuvo contactos diarios a través de la enseñanza a distancia y el apoyo psicológico. Por último, se organizaron algunas iniciativas sociales, como la participación de los niños del jardín de infancia y sus familias en parques públicos, que ayudaron a suavizar la tensión antes de la reanudación formal de las clases.
Para los estudiantes, el regreso ha sido un hito de gran impacto emocional. La directora Nisreen Zaarour observó el entusiasmo visible entre los alumnos, cuya alegría al reencontrarse ha empezado a disipar los recuerdos persistentes de las sirenas y el miedo.
"Mi emoción es indescriptible", afirma Mariana Ghattas, estudiante del último año de secundaria. "Queríamos volver porque extrañábamos la escuela, el ambiente y a los profesores. Extrañábamos la vida normal. Queremos vernos cara a cara, ya no a través de una pantalla".
A medida que avanza el curso escolar, la atención no se centra solo en las notas, cada clase es hoy una oportunidad para rezar y poner en práctica esa fraternidad y esa paz duradera que esperan ver florecer en todo el país.
