Mensaje de Pascua del Custodio de Tierra Santa Fr. Francesco Patton

El amor es más fuerte que la muerte!

“No tengan miedo. Ustedes buscan a Jesús Nazareno, el crucificado. No está aquí, ha resucitado. Miren el lugar donde lo habían puesto” (Mc 16,6).
Es tanta la sorpresa que causa este anuncio, dado por el ángel, aquí en el Sepulcro, la mañana de Pascua, que resulta increíble incluso para quien ha conocido y seguido Jesús más de cerca.
Le resulta increíble a María Magdalena, que fue sanada por Jesús y por él había sido restituida a una vida auténtica; María Magdalena que lo había amado con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas.

Le resulta increíble a Pedro, que incluso lo había reconocido como el Cristo, el Hijo de Dios y que había recibido la misión de confirmar en la fe a sus hermanos.
Le resulta increíble a Juan, el discípulo amado, que se había recostado en el corazón de Jesús para poder aprovechar la profundidad de su misterio y de su amor.

“No está aquí, ha resucitado”, “La muerte ha sido vencida” Esto es lo que en el profundo del corazón cada uno de nosotros desea, porque sentimos y sabemos que fuimos hechos para la vida, para una vida en plenitud, feliz, y para siempre.
Es el deseo de vida que llevamos dentro. Es un deseo que este año fue duramente probado muchas veces y en todo el mundo, cuando hemos sentido que la pandemia nos sitiaba como un enemigo invisible, cuando las personas que amamos se han enfermado de este virus que quita el aliento y las fuerzas, cuando algunos de nuestros seres queridos han sido devorados por la muerte y se han apagado en la soledad. Un deseo de vida que en tantas partes del mundo había estado en crisis ya antes de la pandemia: por las guerras y las carestías, por las crisis humanitarias y las crisis de humanidad, por la globalización de la indiferencia, por formas inhumanas de embargo.

Como los ojos de los discípulos, también los nuestros corren el riesgo de ser empañados por la percepción de que la muerte es más fuerte que la vida y que sea el fin de todo. Y aunque hayamos leído muchas veces el Evangelio, tal vez todavía no hemos comprendido que todo se cumple y se renueva en la pasión, muerte y resurrección de Jesús.
Sin embargo, aquí delante de esta tumba vacía es necesario decirlo, o más bien gritarlo: “La muerte ha sido vencida. Porque Jesús ha resucitado. Miren el lugar donde lo habían puesto”.

“La muerte ha sido vencida” porque el amor es más fuerte que la muerte. El amor infinito con el que Jesús ha vivido nuestra existencia humana, y nuestro morir, es más fuerte que la muerte. Es capaz de reedificar esta breve vida para que sea eterna, y de llenar nuestra carne mortal de su mismo Espíritu Santo, para que podamos entrar en su vida divina.
En la aurora de la resurrección de Jesucristo nuestro Señor, la muerte ha sido vencida, para siempre.
Y no necesito saber otra cosa.
No necesito ver o tocar sino esta tumba vacía, que desde hace dos mil años testimonia que Él está vivo, y desde hace dos mil años anuncia, que junto a Él, también yo, tú, viviremos para siempre.

¡Felices Pascuas!

Mensaje de Pascua
Fr. Francesco Patton
Custodio de Tierra Santa