Líbano: signos de esperanza para un país que sufre

The Custos of the Holy Land, Br. Francesco Patton, during his visit to Lebanon, August 2021
The Custos of the Holy Land, Br. Francesco Patton, during his visit to Lebanon, August 2021

Era 4 de agosto de 2020 cuando la catastrófica explosión en el puerto de Beirut atrajo la atención del mundo hacia el Líbano. Un año después, fray Firas Lufti, guardián del convento franciscano de Beirut y ministro de la región San Pablo, habla de las dificultades de vivir en un país que sufre. “Después de la explosión del año pasado, Líbano se hundió en un abismo de problemas – explica –. Pero antes de ese momento, ya había habido otras dos “explosiones”: la crisis económica, que empezó el 17 de octubre de 2019, y la pandemia del coronavirus, iniciada en marzo de 2020.  Tras la explosión, Beirut quedó desfigurada y destruida completamente: casas, escuelas, hospitales, conventos. La situación se agravó por la falta de un gobierno que supiera gestionar estas tres crisis. A falta de un liderazgo político claro, el país se está hundiendo en el caos”.

A la lucha diaria por hacerse con artículos de primera necesidad, en un país donde los estantes de los supermercados están casi vacíos, se añade la enésima tragedia: el 14 de agosto, un camión cargado de carburante explotó, matando a unas treinta personas.

“La gente está desesperada, muchos han perdido el trabajo y en estos dos años más del 70% de la población libanesa vive por debajo el umbral de la pobreza – continúa fray Firas – Según pasan los días, la situación parece cada vez más desesperada. Desde el punto de vista espiritual, estoy abierto a la esperanza, porque sé que Dios no abandona nunca a su pueblo. También sé que Dios se sirve del ser humano y de su buena voluntad pero, cuando ésta falta, la situación se deteriora. Pero hemos asistido a dos importantes signos de esperanza que nos han traído un poco de consuelo: el encuentro de julio por el Líbano, deseado por el papa Francisco, y la visita en agosto del Custodio de Tierra Santa al Líbano”.

De hecho, el uno de julio, el Papa convocó en el Vaticano a todos los guías espirituales cristianos para una jornada de oración y reflexión por el Líbano. “Significa que el Papa se preocupa del sufrimiento del pueblo libanés”, afirma fray Firas.

También la visita de fray Francesco Patton, Custodio de Tierrra Santa, ha devuelto la esperanza a la comunidad franciscana. “Ya el año pasado, en los primeros días tras la explosión, el Custodio nos había exhortado a los hermanos del Líbano a pensar ante todo en los pobres y los que sufren – explica el franciscano – Este año, en plena crisis, el Custodio vino a expresar su cercanía y solidaridad a los hermanos y al pueblo libanés”.

En el convento de Gemmayzeh en Beirut, afectado por las explosiones, con motivo del aniversario de la tragedia, los franciscanos quisieron organizar un momento de acción de gracias al Señor, por haber logrado ya realizar el 80% de las obras de reparación de las partes dañadas, gracias también a los muchos benefactores. También estuvo presente al Custodio de Tierra Santa, que en los días posteriores pudo visitar todas las realidades del Líbano y reunirse con los frailes que trabajan allí. En la parroquia de Tiro, fray Patton inauguró una estatua de San Pablo, en memoria del paso del santo por esa tierra. También visitó el convento franciscano de Trípoli, en el que se estaba realizando un campamento de verano para niños, y la nueva parroquia de rito latino de Harissa.

 

Desde el comienzo de la crisis, los franciscanos han permanecido al lado del pueblo libanés, intentando ayudar a las familias con más dificultades, gracias también al apoyo de la Asociación Pro Terra Sancta. “En los cinco conventos que hay en el país, hemos abierto un centro de emergencia para distribuir cada mes aproximadamente dos mil paquetes de alimentos y material higiénico – afirma fray Firas –. Tenemos programado poner en marcha un proyecto de asistencia psicológica para niños y para las familias que han sufrido un trauma y, de momento, hay unas doscientas personas inscritas.  Queremos abrir también un proyecto de microcrédito, dirigido principalmente a los jóvenes, que están muy desanimados. Pero no podemos olvidar que “no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Por eso, también continuamos prestando nuestro servicio pastoral, porque queremos que la gente se sienta consolada. Estamos convencidos de que todos los problemas y la corrupción tienen origen en una pobre relación con el Señor que, sin embargo, sirve para dar un sentido cada vez más fuerte a la existencia. El servicio pastoral es una parte muy importante”. 

Fray Firas Lufti, que reside desde hace tres años en Beirut tras su servicio en Alepo, en Siria, explica lo que significa vivir su misión en este momento: “Como guardián del convento de Gemmayzeh en Beirut, cada día veo el sufrimiento de la gente y la llevo en mi oración diaria, para que pase este amargo cáliz, para que llegue la resurrección a todos los niveles: espiritual, social, etc.  Por otro lado, soy ministro de la región San Pablo y por eso hago todo lo posible para atender las necesidades materiales y espirituales de los frailes de Líbano, Siria y Jordania. Tengo contactos con muchos benefactores y amigos que han hecho que no nos faltase nada. Así que trato de ser la voz de la gente a la que sirvo. Pero cada día se abren nuevas heridas y nuevos retos: actualmente en el Líbano no hay medicinas, gasolina, gasóleo y por eso todavía necesitamos ayuda. A pesar de todas las dificultades, ponemos toda nuestra buena voluntad para ofrecer lo que tenemos al servicio de los más pobres”.


 

Beatrice Guarrera