A ocho meses de su toma de posesión, el Custodio de Tierra Santa, Fray Francesco Ielpo, visitó a los frailes del Líbano por tercera vez, signo de gran cercanía a una tierra tan castigada por la guerra, la crisis económica y las divisiones políticas internas.
La ocasión se presentó del 27 al 29 de abril con la celebración del capítulo zonal en el convento de Harissa, una serie de encuentros fraternos para hacer balance de la situación. Históricamente, el Líbano siempre ha representado para la Custodia de Tierra Santa una bisagra entre Tierra Santa y Siria. Actualmente los frailes empleados son solo once, distribuidos en los conventos de Tiro, Beirut, Harissa y Trípoli, que con Sidón (sede recientemente adquirida pero aún no activada) forman una especie de "columna vertebral franciscana" de sur a norte del país.
A su llegada, Fray Francesco fue recibido por Fray Najib Ibrahim, delegado custodial para el Líbano. También el vicario apostólico Mons. César Essayan se desplazó a Harissa para saludar al Padre Custodio. La primera sesión del capítulo estuvo dedicada a la oración y a la meditación, realizadas comunitariamente a la luz de la Carta apostólica para el Año de la Vida Consagrada y de la experiencia de San Francisco. Otras sesiones se dedicaron al tema de la fraternidad, de la vida espiritual y de las actividades.
Surgió la conciencia de que la identidad de "hermanos y menores" no es una conquista definitiva, sino una realidad frágil que requiere una conversión constante. En un mundo dominado por el individualismo, la fraternidad franciscana está llamada a ser un "ambiente vital en el que cada miembro se sienta acogido y aceptado."
Uno de los temas más candentes se refirió a la disminución numérica de los religiosos, una vulnerabilidad que obliga a la Custodia a un discernimiento profundo para reconsiderar sus presencias en el Líbano y en otros lugares. Sin embargo, quedó claro que la fraternidad no es una cuestión de números: se puede ser muchos y vivir como extraños, o pocos y ser una comunidad luminosa.
La presencia franciscana en el Líbano se confirma como un recurso valioso para la Iglesia local. De algunos testimonios se desprende que los frailes de la Custodia son a menudo percibidos como "más creíbles" porque están menos involucrados en la dinámica política del país y más cerca de las necesidades reales de la población. Ejemplos concretos, como los dispensarios de Beirut y Trípoli, la acogida de desplazados en Tiro, la apertura de mercados agrícolas solidarios en Beirut, las diversas actividades culturales, o el centro deportivo y cultural de Trípoli muestran un carisma capaz de dialogar con todos, cristianos y musulmanes. También es necesario tener muy presente la situación social: los cristianos en el Líbano se están desplazando, sobre todo los jóvenes en busca de viviendas más económicas, y la misión debería seguirlos, evaluando nuevas presencias en zonas de desarrollo demográfico.
En cuanto a la vida espiritual, se propuso un redescubrimiento de las "ermitas" y la adopción de modalidades de oración más carismáticas y participativas, capaces de integrar el testimonio de vida y el diálogo directo con la Palabra de Dios.
El encuentro se cerró con la conciencia de que ninguna reforma estructural podrá tener éxito sin una verdadera conversión del corazón. El desafío para los franciscanos en el Líbano es manifestar en las actividades una expresión auténtica de fe, donde el servicio a la Iglesia local y el cuidado de los hermanos se conviertan en el reflejo de un encuentro vivo y cotidiano con Cristo.
Fray Riccardo Ceriani
