La Tierra Santa abraza al papa Francisco

Misa en sufragio del Santo Padre en el Santo Sepulcro de Jerusalén

La Custodia de Tierra Santa, los jefes de las Iglesias de Jerusalén, diplomáticos, fieles y peregrinos se reunieron en la basílica del Santo Sepulcro para unirse en oración al Santo Padre.

La misa en sufragio por el papa Francesco fue celebrada por el Patriarca de Jerusalén, cardenal Pierbattista Pizzaballa, y contó con la presencia de numerosas personalidades institucionales, así como con los líderes de las Iglesias orientales que expresaron, con su presencia, su cercanía a la Iglesia de Roma y a la Iglesia católica en Tierra Santa.

Destacó también la presencia de fieles procedentes de Cisjordania que, a pesar de las dificultades, quisieron estar presentes y cercanos al Sumo Pontífice.

La peregrinación a Tierra Santa

La Tierra Santa es la quintaesencia del Evangelio, es el Evangelio hecho piedra, polvo, luz y agua”, dijo el Sumo Pontífice en una audiencia general a su regreso de una peregrinación a Tierra Santa. Con estas palabras subraya la importancia, no solo histórica, sino espiritual, de esos lugares, exhortando al mundo a no olvidar su valor universal y a trabajar por la paz, la justicia y la reconciliación.

Durante su visita, Francisco realizó gestos que hablan más que las palabras: rezó en el Muro de las Lamentaciones, visitó la Explanada de las Mezquitas y la basílica del Santo Sepulcro junto con los jefes de las Iglesias orientales, lanzando un llamamiento al diálogo interreligioso y a la fraternidad entre los pueblos. “En esta tierra, el camino hacia la paz pasa inevitablemente por la fraternidad y el respeto mutuo”, afirmó en su discurso al presidente israelí y a su homólogo palestino, durante el histórico encuentro de oración en los Jardines Vaticanos.

Pope Francis in the Holy Land. Mass at the Manger square in Bethlehem.

El recuerdo del Custodio

La homilía pronunciada por el Custodio de Tierra Santa, fray Francesco Patton, comenzó con un recuerdo cariñoso de las palabras más íntimas y frecuentes del Santo Padre: “Y, por favor, acordaos de rezar por mí”. Esta sencilla petición encerraba su profunda humildad y el deseo de ser sostenido por el pueblo de Dios. 

En este momento de luto y recogimiento, la celebración eucarística fue también un acto de esperanza pascual. El sepulcro vacío de Jerusalén, desde el que “llega hasta nosotros el sorprendente anuncio: Jesús, el Crucificado, «no está aquí. Ha resucitado»” (Lc 24,6), se convierte en símbolo de la victoria de la vida y del amor sobre el odio y las tinieblas, como escribió el mismo papa Francisco en su último mensaje “Urbi et Orbi”.

Durante su pontificado, el papa Francisco encarnó con fuerza y ternura la centralidad de Cristo resucitado, reiterando que la verdadera guía no es la figura papal en sí, sino “Cristo mismo … en el centro de nuestros pensamientos, de nuestros afectos, de nuestras elecciones y nuestras acciones”.

Con Tierra Santa hasta el final

Un agradecimiento especial se dedicó a su constante atención por la Tierra Santa: “Nos llevó en su corazón hasta el último día… Clamó invocando la paz para nosotros hasta su último aliento”. El Papa habló con profunda empatía del dolor vivido en Israel, Palestina y Gaza, pidiendo un alto el fuego y el fin del odio, denunciando el antisemitismo y cualquier forma de injusticia.

“Quisiera que volviéramos a esperar en que la paz es posible. Que desde el Santo Sepulcro, Iglesia de la Resurrección, donde este año la Pascua será celebrada el mismo día por los católicos y los ortodoxos, se irradie la luz de la paz sobre toda Tierra Santa y sobre el mundo entero. Me siento cercano al sufrimiento de los cristianos en Palestina y en Israel, así como a todo el pueblo israelí y a todo el pueblo palestino.”

“Allí donde no hay libertad religiosa, la paz no es posible… ¡la paz es posible sin un verdadero desarme!”.

Finalmente, la homilía concluyó con una imagen potente que une fe y esperanza: la tumba vacía. Es signo de la resurrección y de la certeza de que la muerte no es el final, como se desprende de las palabras del papa Francisco: “En la Pascua del Señor, la muerte y la vida se han enfrentado en un prodigioso duelo, pero el Señor vive para siempre y nos infunde la certeza de que también nosotros estamos llamados a participar en la vida que no conoce el ocaso, donde ya no se oirán el estruendo de las armas ni los ecos de la muerte. Encomendémonos a Él, porque sólo Él puede hacer nuevas todas las cosas”.

Feliz Pascua, hermanos y hermanas. ¡Feliz Pascua, papa Francisco!

Francesco Guaraldi

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