
Recoger las aceitunas significa mucho para Tierra Santa. Cada año, comunidades enteras participan en un acontecimiento que une pasado y presente, tradiciones milenarias y vida cotidiana, cultura y trabajo. Todo queda recogido en torno a un fruto que representa no solo uno de los elementos más significativos de la tradición bíblica, sino también un símbolo de quienes viven en esta tierra.
Esto también se aplica a los lugares confiados al cuidado de la Familia Franciscana, donde cada año, la recolección se convierte en una ocasión de encuentro y de compartir. Entre los árboles del Huerto de Getsemaní, en el Valle del Cedrón, al pie de las murallas de la Ciudad Vieja y en el convento de las Clarisas, frailes, religiosas y voluntarios laicos han trabajado juntos, dedicando tiempo y energías a la recolección de los frutos de los olivos.
Un trabajo que se realiza con gestos sencillos y concretos: cuidar los árboles, colocar las lonas, golpear las ramas, recoger las aceitunas, limpiarlas, llenar las cestas y llevarlas al almacén de cara a la extracción del aceite. Actividades en las que no existen separaciones ni distinciones, sino solo brazos y manos que colaboran. Un compromiso común. Una manifestación concreta de fraternidad, para cuidar un territorio confiado a frailes y religiosas, pero que también habla de una fe viva.
Recoger las aceitunas en el Huerto de Getsemaní significa confrontarse con un lugar que para la Tradición cristiana tiene un valor inagotable: el de la oración de Jesús en vísperas de su Pasión. En el Valle del Cedrón, a los pies de la Ciudad Santa, la recolección permite cuidar una tierra marcada por la presencia de la fe y de la historia, pero que también vive las grandes complejidades del mundo de hoy. Trabajar entre los olivos de las Clarisas significa realizar el trabajo en una comunidad que vive su vocación en la contemplación silenciosa y constante. La recolección se convierte así en un momento en el que el cuidado de la creación, el trabajo y la fraternidad se encuentran, dejando también tiempo para estrechar amistades y confrontarse con la propia fe. Un acontecimiento que para la Custodia de Tierra Santa significa sobre todo cuidar de aquello que le ha sido confiado y que continúa produciendo frutos.
Lorenzo Vita
