
"Os anunciamos lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que han tocado nuestras manos: la Palabra de vida. Porque la vida se ha manifestado, nosotros la hemos visto y damos testimonio de ella, y os anunciamos la vida eterna, que estaba con el Padre y se nos ha manifestado."
Con este pasaje comenzó la fiesta de la Anunciación del Señor en Nazaret, con las primeras Vísperas del 24 de marzo. La celebración estuvo presidida por el cardenal Pierbattista Pizzaballa, con la presencia de frailes franciscanos y de la comunidad religiosa local.
Al día siguiente, 25 de marzo, se celebró una misa solemne en la Basílica de Nazaret, con fieles y religiosos reunidos para celebrar uno de los momentos centrales de la tradición cristiana. En efecto, la Anunciación representa un pasaje decisivo en la historia de la salvación: con el anuncio a María, Dios elige hacerse hombre para redimir a la humanidad.
Durante su homilía, el cardenal Pizzaballa llamó la atención sobre el difícil contexto que sigue marcando Tierra Santa, invitando a los presentes a mirar los acontecimientos con la mirada de la Virgen María, confiando en Dios y en su designio divino, incluso en tiempos de crisis y conflicto.
Riccardo Curti
