
Desde la Puerta de Jaffa hasta la Basílica del Santo Sepulcro. Y después, desde el Gólgota hasta Santa Ana. Junto a los frailes, los padres blancos, las autoridades religiosas, las representaciones diplomáticas y los fieles de la comunidad francesa, el Cónsul general de Francia en Jerusalén, Alexis Le Cour Grandmaison, realizó su entrada oficial en la Ciudad Santa. Una tradición que evoca los históricos vínculos entre París, los Santos Lugares y la Custodia de Tierra Santa.
El cortejo partió de la Puerta de Jaffa, uno de los principales accesos a la Ciudad Vieja. Desde allí, la larga fila de religiosos y diplomáticos recorrió las calles del Barrio Cristiano hasta llegar a la Basílica del Santo Sepulcro. A la espera del Cónsul se encontraban los representantes de las tres comunidades que custodian el corazón de la cristiandad, el lugar de la muerte y de la Resurrección de Cristo. Después, ante la Piedra de la Unción, Le Cour Grandmaison fue saludado por el Custodio de Tierra Santa, Fray Francesco Ielpo, quien acompañó al representante francés hasta el acceso al Edículo.
Allí, en su discurso, Ielpo dio una calurosa bienvenida al Cónsul general, recordando los antiguos y profundos vínculos que unen a Francia con la Custodia de Tierra Santa. Una relación sólida, fuerte, construida a lo largo de los siglos y marcada por la particular atención de París no solo hacia los Santos Lugares, sino también hacia las "piedras vivas" representadas por las comunidades cristianas de esta región. Una tierra herida, donde la población ha sido sometida a duras pruebas y donde la violencia y el odio corren el riesgo de convertirse en males endémicos, aparentemente imposibles de erradicar.
Así, el encuentro ante el Edículo adquirió un significado que no se limita a un gesto fruto de la tradición y del protocolo diplomático, en el lugar símbolo de la fe cristiana, el Custodio recibió al Cónsul ante "una tumba vacía". Y, por tanto, ante la esperanza del Bien.
La visita prosiguió después por toda la basílica. Acompañado por Fray Stéphane Milovitch, Le Cour Grandmaison pudo observar de cerca los distintos rincones del Lugar Santo y las comunidades que lo componen. Y después de detenerse en el Calvario, el Cónsul, precedido por el cortejo guiado por los "kawas", llegó a la iglesia de Santa Ana, cerca de la Puerta de los Leones y de la piscina de Betesda. El edificio de época cruzada, tradicionalmente vinculado al nacimiento de la Virgen María, fue donado a Francia por el Imperio otomano. Un vínculo arraigado en la historia y en la tradición de Jerusalén y confirmado por la visita del nuevo Cónsul de Francia.
Lorenzo Vita
