
Prosigue el congreso de los Comisarios de Tierra Santa, que continúa caminando sobre las huellas de un verbo sencillo pero esencial, sostener. Hoy los frailes franciscanos han dedicado la jornada a la comunidad de Belén, encontrando sus realidades, tocando con la mano sus piedras santas y, sobre todo, sus piedras vivas, hombres, mujeres y familias que custodian con valentía la fe en un contexto frágil y herido.
Belén aparece así, una ciudad profundamente arraigada en la cristiandad, pero al mismo tiempo probada y oprimida, sobre todo en los últimos dos años marcados por el conflicto. Y sin embargo, a pesar del cansancio, se respira una alegría terca, una fuerza silenciosa hecha de compartir, pertenencia y testimonio, ser cristianos en el lugar donde nació el Salvador.
La jornada de los comisarios ha sido intensa. Se ha abierto con la celebración en el Campo de los Pastores, en Beit Sahour, en la capilla croata. Luego la visita al Terra Santa College, guiada por fray George Haddad, y finalmente la procesión a la Gruta de la Natividad. Por la tarde, las visitas a las realidades locales, al Hogar Niño Dios, la casa familia para niños discapacitados, han proseguido a lo largo de la histórica Star Street, la vía recorrida por peregrinos, Custodio y patriarcas, hasta el centro “Acción Católica”, corazón social y familiar de la comunidad cristiana.

Los comisarios han llegado por la mañana al lugar donde, según el Evangelio, los más pobres de la sociedad recibieron por primeros el anuncio del arcángel, el nacimiento de Jesús.
La celebración, presidida por fray Rafael Tayem, párroco de Belén, se ha desarrollado en la capilla llamada “croata”, así llamada porque fue construida con la ayuda del Comisariado de Croacia y completada solo recientemente, a pesar de la pandemia y el conflicto.
En la homilía, fray Rafael ha invitado a redescubrir la Navidad en su significado más auténtico, el encuentro con el Emmanuel, el Dios con nosotros, que no permanece distante sino que se acerca a los miedos y a las heridas de las familias de hoy. Como los pastores, también los cristianos de esta tierra, y los peregrinos, están llamados a ponerse de nuevo en camino, dejándose sacudir por el anuncio, "No teman, les anuncio una gran alegría".
No una Navidad de esplendor y poder, sino de pobreza y humildad, en la gruta están María, José y un Niño frágil, que sin embargo es Salvador de todos, sin excluir a nadie.
Desde Belén cada uno parte transformado, llevando a sus propias comunidades un reflejo de aquella luz y de aquella esperanza que nacen de saber que Dios está realmente con nosotros, también en las historias marcadas por la guerra, la crisis y la soledad. Es aquí donde la Navidad se convierte en compromiso concreto, ser cercanía, convertirse en “ángeles de alegría”, sostener a la comunidad cristiana local y custodiar la comunión con la Iglesia Madre de Jerusalén, para que la voz del ángel sea más fuerte que el ruido de las armas.

La visita ha proseguido al Terra Santa College, donde fray George Haddad ha presentado las actividades de la escuela, sus recursos y sus desafíos cotidianos, la emigración de las familias, la falta de docentes calificados y los fondos insuficientes para garantizar el crecimiento necesario del instituto.
Fundado en 1598, el colegio acompaña a los estudiantes desde su primer ingreso hasta el diploma y representa un unicum en Palestina, es la única escuela que ofrece cinco recorridos liceales, técnico, clásico, artístico, hotelero y científico, pensados para preparar a los jóvenes a los desafíos futuros.

El objetivo es formar figuras profesionales necesarias para el territorio, desde el sector turístico, vital para Belén, hasta los técnicos especializados, pasando por los artistas y los futuros docentes. Pero precisamente los docentes faltan, porque muchos jóvenes emigran en busca de sueldos más dignos.
Algunos estudiantes más pequeños han querido homenajear con alegría a los comisarios en visita, cantando y tocando para ellos algunos temas. Un signo de acogida, de alegría al recibir la visita de rostros nuevos que desde hace tanto tiempo faltan en Belén. También los estudiantes del recorrido artístico han querido mostrar, con orgullo, sus trabajos artísticos, signo de una belleza que resiste a pesar de todo.

La mañana se ha concluido con la oración y la visita a la Gruta de la Natividad, el lugar donde el Verbo hizo visita a los hombres.
Los frailes han recorrido en procesión el trayecto desde la iglesia de Santa Catalina, junto a la basílica ortodoxa que conduce a la gruta. Ha sido un momento de silencio y recogimiento, el beso a la estrella, la oración comunitaria, el encuentro con el lugar del nacimiento.
Signos que los comisarios llevarán a sus comunidades, con el deseo de volver pronto junto con los peregrinos.

Por la tarde algunos comisarios han visitado la casa familia Hogar Niño Dios, situada a pocos pasos de la basílica. Aquí viven 39 niños con discapacidad, huérfanos o provenientes de situaciones familiares gravísimas.
Las hermanas del Verbo Encarnado los han acogido con alegría, recordando cuánto han pesado la guerra y la pandemia, durante dos años han faltado voluntarios, peregrinos, donaciones. Y quienes más han sufrido han sido precisamente los niños, quedados sin rostros nuevos, sin visitas, casi olvidados por la sociedad.
Y sin embargo, en esta casa continúan viviendo los “niños Jesús” de Belén, frágiles pero vivos, portadores de la presencia del Cristo sufriente en el corazón de quien los encuentra.
Un testimonio concreto de lo que significa cuidar de las piedras vivas.

La jornada ha continuado con una caminata a lo largo de la histórica Star Street, la vía de la estrella que conduce a la Natividad. En otro tiempo llena de colores, luces y tiendas, hoy aparece apagada, con muchas persianas bajadas.
Guiados por Vincenzo Bellomo, los comisarios han escuchado historias de emigración y regresos, de trabajadores cristianos y del barrio que resiste a pesar de todo.

La etapa final ha sido el centro Acción Católica de Belén, un lugar donde la comunidad se reúne, juega, hace deporte, crece y reza. Fray Sandro Tomasevic ha ilustrado las numerosas actividades, como la piscina, el centro deportivo, la sala de juegos, el parque al aire libre y los espacios para encuentros comunitarios.
Precisamente en esos espacios la comunidad ha querido tocar música y bailar para los comisarios, música italiana, música árabe, la dabke, la danza típica palestina. Una vez más gestos de acogida, de cuidado del prójimo, de mostrar cómo en esta tierra todos son bienvenidos. Siempre.
Francesco Guaraldi
