
En el corazón de la Ciudad Vieja de Jerusalén, dentro del convento de San Salvatore, se encuentra la Enfermería de la Custodia de Tierra Santa, un lugar de atención y acogida dedicado a los frailes ancianos y enfermos de la comunidad franciscana. La Custodia, presente en Tierra Santa desde el siglo XIII con una misión de testimonio cristiano y servicio a los Santos Lugares, ha hecho del cuidado de los hermanos más frágiles uno de los signos concretos de su vocación de caridad y fraternidad.
La enfermería, situada en el segundo piso del antiguo complejo conventual, fue edificada en su forma actual en 1955 y renovada radicalmente en 2009 para adaptarse a las exigencias asistenciales modernas, con espacios equipados, una farmacia interna y habitaciones dedicadas a cuidados más intensivos. Hoy acoge a frailes provenientes de todas las regiones de la Custodia y garantiza asistencia médica y de enfermería las 24 horas del día, gracias también a la colaboración con el Hospital San José de Jerusalén y al valioso apoyo de las Hermanas Franciscanas de Santa Isabel.
El 11 de febrero de cada año se celebra la Jornada Mundial del Enfermo, una ocasión para renovar el compromiso hacia quienes sufren y valorar los gestos de misericordia y solidaridad humana hacia los enfermos. Es con este espíritu que la comunidad del convento de San Salvatore vivió un momento de reflexión y testimonio dentro de la Enfermería custodial, donde diariamente se entrelazan cuidado, acogida y oración.
Fray Jad Sara, ofm, Director de la Enfermería de la Custodia de Tierra Santa, recuerda con insistencia la importancia de "cuidar de nuestro hermano enfermo", un mandato que hunde sus raíces en la espiritualidad franciscana y en el seguimiento de Cristo. En la Enfermería hay disponibles 15 camas, actualmente ocupadas por ocho frailes ancianos y frágiles, asistidos con dedicación por personal de enfermería, médicos y doce enfermeros que se alternan en turnos regulares.
Aunque no dispone de instrumentos comparables a los de un gran hospital, la estructura está dotada de herramientas básicas para el monitoreo y la atención, incluidos instrumentos para la medición de la presión arterial y dos habitaciones destinadas a cuidados intensivos. A través del convenio con el Hospital San José, además, se garantizan servicios médicos suplementarios y visitas regulares.
La fe cristiana impregna cada gesto de asistencia, el cuidado de los enfermos no se refiere solamente al cuerpo, sino que también involucra el espíritu y la dignidad personal. La jornada en la Enfermería comienza con la celebración de la Santa Misa por la mañana y continúa con el rezo del Rosario por la tarde, momentos que ayudan a los frailes ancianos a redescubrir serenidad, esperanza y un profundo sentido de comunión. Según Fray Jad, "la oración es la clave de la paciencia" y representa un apoyo imprescindible para quienes viven la fragilidad de la vejez y del sufrimiento.
Cuidar de los enfermos y de los que sufren es, para los frailes de la Custodia, un acto de caridad concreta y un modo de dar testimonio del Reino de Dios en la tierra. En el encuentro cotidiano con los hermanos más vulnerables, se reviven las palabras de San Francisco y del Evangelio, que invitan a salir al encuentro del otro con amor, sin esperar. En este servicio humilde y gratuito, cada gesto de asistencia se convierte en un signo profundo de compasión, fraternidad y testimonio cristiano.
