Con las primeras luces del día, cuando el silencio aún envuelve las piedras antiguas de Jerusalén, los frailes capitulares se reúnen puntualmente a las 8:00 en la Puerta de San Francisco. En devota compostura, emprenden la marcha en procesión, precedidos por los kawas con vestimentas tradicionales y escoltados por las autoridades policiales israelíes. Su destino está cargado de memoria y misterio: el Santo Cenáculo, primera sede histórica de la Custodia de Tierra Santa, lugar sagrado donde el Señor instituyó la Eucaristía.
Allí, en la sala que la tradición conserva como el lugar de la Última Cena, se celebra el Sacrificio Eucarístico, presidido por el Hno. Alojzy WAROT, Presidente del Capítulo. Una celebración cargada de significado, vivida en un ambiente de recogimiento y gratitud. El Custodio de Tierra Santa, fr. Francesco IELPO, dirige un sentido agradecimiento a las autoridades israelíes responsables del Santo Sepulcro y del Monte Sion. En particular, fr. Ibrahim FALTAS se convierte en voz y rostro de gratitud y esperanza, actuando como mediador en nombre de la Custodia y de la Iglesia universal para la obtención de un nuevo derecho sobre el Cenáculo.
En su homilía, fr. Alojzy WAROT recuerda la gracia singular de poder celebrar precisamente donde el Señor se entregó a sí mismo en la Eucaristía. Siguiendo el Evangelio de San Juan, subraya cómo ese gesto está profundamente enraizado en la Pascua, y cómo la Pascua misma se inserta en el misterio del amor. Un amor “hasta el extremo” que no debe entenderse solo como fin cronológico, sino como plenitud absoluta: un amor divino, oblativo, que en el lavatorio de los pies se manifiesta no solo como acto de humildad, sino como revelación de la gloria, una gloria teofánica.

Finalizada la celebración, a las 10:00 los frailes capitulares se reúnen en la Sala Capitular para comenzar los trabajos matutinos. El moderador, fr. Marcelo CICCHINELLI, invita a fr. Rodrigo MACHADO SOARES a dirigir la oración inicial, tomada del subsidio litúrgico. Se proclama la Ammonición VIII (FF 157), que advierte sobre el riesgo de la envidia espiritual y recuerda que todo bien proviene del Espíritu Santo:
“Nadie puede decir: Señor Jesús, si no es en el Espíritu Santo… Quien envidia el bien obrado en el hermano, en realidad envidia al Altísimo mismo.”
Tras el pase de lista, a cargo del secretario fr. Eduardo Masseo GUTIÉRREZ, fr. Marcelo recuerda con emoción la celebración vivida en el Santo Cenáculo, subrayando también el significativo momento compartido con las autoridades israelíes presentes. Luego, toman la palabra los representantes de los diferentes grupos de trabajo, que presentan las conclusiones de sus estudios. El tema común que emerge es la preparación de los candidatos a la vida en la Custodia y, más ampliamente, en la Orden franciscana.
La segunda parte de la mañana está enteramente dedicada a la Formación Permanente. Fr. Silvio Rogelio DE LA FUENTE presenta dos informes: uno sobre la Formación Permanente y otro como Delegado de los Comisarios de Tierra Santa. En el primero, recorre el camino realizado desde 2016 hasta 2022, marcado por un fuerte impulso bajo la guía del entonces moderador fr. Marcello CICCHINELLI. Fr. Silvio ofrece un mapa articulado de los principales temas de la formación permanente, en línea con las directrices de la Orden y del Magisterio eclesial. Se detiene especialmente en el trienio 2022–2025, presentando los proyectos ya realizados y aquellos aún en elaboración.
En el segundo informe, expone el desarrollo del Servicio CLIO (Commissariats Liaison Office), relatando los numerosos encuentros con los Comisarios de Tierra Santa en todo el mundo, al servicio de la comunión y la misión.
A las 15:30, con el rezo de la Hora Nona, comienza la sesión vespertina. La asamblea se dedica a la escucha y al debate sobre las propuestas surgidas, que se discuten tanto en el aula como en los grupos de estudio, los cuales retomarán su labor el día siguiente, viernes.
La jornada concluye con la celebración solemne de las Vísperas, presidida por fr. Marcello GHIRLANDO, en memoria de san Ignacio de Loyola, figura emblemática de la Reforma católica del siglo XVI y también peregrino en Tierra Santa. Se recuerda de él la radicalidad en su consagración al Señor, la espiritualidad de “buscar y hallar a Dios en todas las cosas” y el ser “contemplativo en la acción”: una vida marcada por el discernimiento, la reflexión sobre lo cotidiano y un compromiso concreto con la justicia en el servicio a los demás.
Así concluye una jornada intensa y rica, irradiada por la luz del Cenáculo, que continúa hablando al corazón de los frailes y de toda la Iglesia.
