La cuarta jornada del Capítulo Custodial 2025 se abrió con la celebración de la Santa Misa, presidida por el fr. Alberto Joan PARI. En un clima de profunda espiritualidad, dirigió un apremiante llamado a la asamblea para orar por la justicia y la paz, dos bienes tan invocados como necesarios en estos tiempos de tribulación. En su homilía, el fr. Alberto ofreció una reflexión densa y sugerente sobre el Evangelio del día (Mt 13,44-46), recordando que el Señor nos da hoy dos imágenes tan simples como esenciales: un tesoro escondido en un campo y una perla de gran valor. “El Evangelio” –afirmó– “no es una carga, sino el mapa para encontrar el tesoro; es el camino que conduce a lo que más vale en la vida: el Reino de Dios”. Un Reino que no se impone con estrépito, sino que se esconde en lo cotidiano, como una semilla que germina en silencio.
A las 9:00 a.m., como previsto en el programa, la asamblea capitular quedó constituida regularmente. El Secretario del Capítulo, fr. Eduardo Masseo GUTIÉRREZ, realizó el pase de lista. También anunció que el domingo 3 de agosto se celebrará una Santa Misa de sufragio en Caná de Galilea por el alma del fr. Haitham Franso YALDA HANO, recientemente regresado a la Casa del Padre. La iniciativa será posible gracias a un servicio de transporte organizado para la ocasión.
Tras los avisos, el fr. Rodrigo MACHADO SOARES dirigió la oración inicial habitual. El moderador del día, fr. Alberto Joan PARI, explicó entonces el desarrollo de los trabajos, que incluían por la mañana la discusión en grupos del informe presentado por la Secretaría de los Lugares Santos.
Después de una consulta, el Consejo de Presidencia del Capítulo nombró a los frailes Diego DALLA GASSA, Donaciano PAREDES, Jonny JALLOUF y Sinisa SREBRENOVIĆ como encargados de la redacción del documento final del Capítulo. A continuación, los siete secretarios de los grupos de trabajo se reunieron para elaborar reflexiones compartidas sobre el informe de los Lugares Santos, cuyos resultados fueron luego presentados en el aula por cada relator. Las aportaciones manifestaron un consenso unánime sobre la urgencia de establecer comisiones que acompañen con mayor cercanía a los Santuarios, reconocidos por todos como el núcleo vital de la Custodia de Tierra Santa. Se afirmó que tales comisiones facilitarían una comunicación más fluida y armónica entre los distintos responsables.
Entre los temas abordados, se destacó particularmente el de los nuevos misioneros de la Orden, considerados pilares fundamentales para garantizar la continuidad de la presencia franciscana en Tierra Santa, definida con emotiva gratitud como la “perla de las misiones”.

La mañana concluyó con un testimonio intenso y largamente esperado: el del fr. Luai BSHARAT. Su relato, cargado de emoción y autenticidad, conmovió profundamente a la asamblea. “En tiempos oscuros” –dijo– “la fe no puede permanecer en silencio”. Su decisión de quedarse junto a las comunidades cristianas de los pueblos sirios afectados por la guerra fue un vivo testimonio de Cristo Resucitado. Su presencia entre la gente impidió que la esperanza se extinguiera, y más aún, avivó en aquellos creyentes la conciencia de ser parte de un pueblo acompañado por una fraternidad concreta, visible y operante en nombre del Señor.
Desde los nobles pueblos de Siria –recordó el fr. Luai– han surgido hombres y mujeres que, con su sacrificio, continúan honrando a la Iglesia y haciéndola santa. Numerosas obras de caridad, realizadas gracias al apoyo constante de la Custodia y de otros benefactores, son un signo tangible de la comunión eclesial.
Por la tarde, la sesión continuó con el informe de la Secretaría para la Formación y los Estudios, presentado por el fr. Ulises ZARZA, recientemente elegido Vicario Custodial. Expuso con claridad las etapas del camino formativo, señalando desafíos y propuestas a afrontar y concretar. La formación –subrayó– es un tesoro precioso que debe ser custodiado y perfeccionado con dedicación. Solo así será posible responder adecuadamente a las exigencias de nuestro tiempo y preparar hermanos capaces de dar fruto. En Tierra Santa, más que en otros lugares, se requiere una formación sólida y atenta, a la altura de los desafíos contemporáneos.
Posteriormente, la asamblea tuvo la oportunidad de plantear preguntas y compartir observaciones, para luego continuar el trabajo en grupos en una nueva fase de análisis y diálogo.
La jornada concluyó con la celebración solemne de las Vísperas, presidida por el fr. Andrea INGRIBELLO. Su reflexión destacó la importancia de una escucha profunda de la Palabra de Dios, que no debe quedarse en la superficie, sino entrar en los pliegues del alma y transformar la vida. “Dios” –afirmó– “no busca en nosotros una escucha distraída, sino una acogida generosa del Evangelio que nos invita a vivir lo que proclama”. Y concluyó con una exhortación sencilla y contundente: no hay otro Maestro sino Cristo. A Él miramos, a Él seguimos, con la fuerza del Espíritu y acompañados por la tierna presencia de María, Madre de la Iglesia y Estrella de la Misión.
