Caminar tras las huellas de Jesús: Cafarnaún celebra su fiesta

Caminar donde caminó Jesús. Recorrer los mismos lugares elegidos por Él para vivir su vida cotidiana, para reunir a los primeros discípulos, para discutir en la sinagoga y para realizar milagros. Observar con los propios ojos ese mismo lago donde el Señor eligió a sus "pescadores de hombres". Escuchar ese mismo ruido de las olas rompiendo sobre las olas. Respirar esa brisa que disipa la neblina como pudo haberlo hecho Él. Observar el sol que desciende entre los montes de Galilea e incendia las aguas agitadas por la brisa.

Pensar en todo esto es lo que hace único celebrar la fiesta de la ciudad de Jesús en procesión por aquellos lugares que se encuentran entre las etapas más importantes de la experiencia terrena del Señor. Y el Custodio de Tierra Santa, Fray Francesco Ielpo, quiso subrayar precisamente la importancia de caminar donde Cristo caminó. Una fortuna, la de quien llega a Cafarnaún, que es también un desafío: estar en el pueblo elegido como el corazón de Su predicación y recorrer sus mismos pasos significa tratar de vivir como Él vivió. "Poner los pies y las manos como los puso Jesús", afirmó Fray Ielpo, pero también "mirar a las personas como mira Jesús, amar como ama Jesús, perdonar como perdona Jesús y dar la vida como lo hizo Él".

Hay que partir precisamente de aquí para comprender uno de los muchos motivos por los que Cafarnaún es tan importante para la fe cristiana. Lo que era un simple pueblo de pescadores y un cruce de caminos para mercaderes y gentes de todas partes fue transformado por Jesús en el centro neurálgico de Su experiencia terrena. Y un lugar que los frailes menores custodian hoy con cuidado y dedicación desde su convento a orillas del lago muestra al peregrino dónde Jesús encontró a Pedro, Juan, Santiago, Andrés y Mateo. Donde curó a la suegra de Pedro, al paralítico bajado desde el techo, al endemoniado y al siervo del centurión romano. Figuras fundamentales para comprender el mensaje de Cristo. Porque personas como el leproso, el centurión romano y la suegra de Pedro encierran vidas completamente diferentes unidas por el encuentro con Cristo, que se acerca a quienes viven en los márgenes o a quienes se sienten extraños o incluso indignos. Un enfermo excluido por todos, un pagano y una mujer. Humanidades que Dios elige como parte de su Iglesia y que en Cafarnaún se convierten en el centro de la salvación.

Precisamente por esto, la fiesta de la ciudad de Jesús adquiere un significado profundo y único. Siguiendo los lugares más significativos de Cafarnaún, la procesión, iniciada a orillas del mar de Galilea y continuada por las que fueron las antiguas calles del pueblo alrededor de la casa de Pedro, significa recorrer de nuevo, físicamente y con el corazón, la vida de Jesús. Símbolo de una fe que en Cafarnaún no celebra solamente la memoria de piedras antiguas, sino "piedras vivas". Piedras que todavía hoy representan un mensaje actual: la casa de Jesús, la Custodia, y por tanto la Iglesia, están siempre abiertas a todos. Y este vínculo entre la ciudad de Cristo y de Pedro, los frailes y Roma quedó sellado simbólicamente también por otro elemento recordado por Ielpo: el nombramiento de monseñor Vittorio Francesco Viola, perteneciente a la orden de los Frailes Menores de Umbría, como su vicario general para la Ciudad del Vaticano, arcipreste de la Basílica Papal de San Pedro en el Vaticano y presidente de la Fábrica de San Pedro.

Lorenzo Vita

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