No sé si también a ustedes, en una primera lectura de esta parábola, les resuenan más determinantes los versículos negativos que los positivos: los propósitos de mal cada vez más crecientes de los viñadores arrendatarios, más que las intenciones y las expectativas positivas del dueño de la viña.
¡El mal prevalece sobre el bien incluso al oído!
¡Aunque los versículos negativos y los positivos puedan considerarse en igual número!
¡Esta reacción nuestra es preocupante y ciertamente no es la intención de la Parábola!
Sin embargo el primer versículo de la parábola enumera con cuidado todo el trabajo atento y solícito del viñador que también construye una torre para proteger la viña. El versículo concluye con la plena confianza del propietario que la arrienda y se va lejos. (¡Cuánta positividad! ¿Nuestros oídos la perciben?).
El segundo versículo comienza con la indicación más natural: en el tiempo de la cosecha el dueño envía a recoger los frutos.
Solo ahora entra en escena la maldad creciente de los viñadores. Efectivamente este versículo rompe violentamente el fluir ordenado de la parábola, (y nosotros quedamos atrapados por ello), pero enseguida la longanimidad del dueño prevalece y envía a otros siervos incluso más numerosos que los primeros. La intención y la expectativa ciertamente son buenas, parece que el mal sufrido no ha afectado la rectitud del dueño de la viña (¿somos capaces de captar la dinámica vencedora del bien sobre el mal o se nos escapa?).
Pero la segunda respuesta de los viñadores repite la primera solución violenta (¡lo esperábamos!).
Ahora, como es justo, esperaríamos fuego y llamas por parte del dueño de la viña, al contrario su confianza, sus esperanzas de bien no solo no se debilitan, sino que se siente seguro de que aumentando la propuesta de bien, ya no siervos sino el hijo, obtendrá el resultado esperado (¡qué lejos estamos de esta expectativa!).
Al contrario los viñadores piensan en la solución final: "los viñadores al ver al Hijo dijeron entre ellos: Este es el heredero. Vamos, matémoslo y tendremos su herencia".
Y aquí estamos ante el ajuste de cuentas: ¿a dónde quiere llegar la parábola, cuál es su enseñanza?
Ciertamente, no ceder al mal con el bien una primera, una segunda, una tercera vez, ¿pero luego?
Hay quienes, y nosotros con ellos, invocan la muerte para los malhechores: ¡es justo!
Pero la Parábola concluye con una profecía: ¡la universalidad de la salvación!
La misma enseñanza continuará en el capítulo 22 de Mateo que narra el rechazo a la invitación a las bodas del Hijo del Rey. ¡Los invitados serán sustituidos y la sala estará llena de otros comensales!
Agucemos los oídos para que resuene en nuestro corazón no la maldad de los viñadores que usan mal el don de la vida que han recibido, sino prestemos oído a las continuas e incansables exhortaciones al bien del dueño de la viña que quiere que entremos a celebrar las bodas de su Hijo.





