
27 de febrero de 2026
I Viernes de Cuaresma
Fray Luca Di Pasquale
"El Señor te dé la paz!" Con este saludo, con el cual Francisco de Asís solía saludar a todos los que encontraba, quiero acogerlos hoy. Soy Fray Luca Di Pasquale y vengo de la Basílica de Santa María de los Ángeles en Asís, que es Custodio de la pequeña iglesia que Francisco reconstruyó, la Porciúncula. Es precisamente desde ese lugar de perdón y de pequeños comienzos que hoy queremos dejarnos interpelar por la Palabra.
En el pasaje de Mateo, 5,20,26, Jesús nos advierte, nuestra fe no puede ser solo una fachada de reglas observadas. No basta "no matar". Jesús señala el homicidio interior, la ira, el rencor y ese desprecio que nace en el silencio del corazón.
Jesús pone una condición radical, "Ve primero a reconciliarte". La ofrenda en el altar no tiene valor si detrás hay un hermano herido. Dios no busca sacrificios religiosos si estos no se convierten en paz vivida. La Cuaresma es el tiempo para deponer las armas que empuñamos en el secreto de nuestros pensamientos.
En este 2026, mientras celebramos el Octavo Centenario de la muerte de San Francisco, sus palabras resuenan con fuerza profética. En la Regla no Bulada, Capítulo XI, Francisco retoma literalmente el versículo 22 de Mateo, "Quien diga a su hermano 'loco' será reo del fuego de la Gehena".
¿Por qué Francisco es tan severo? Porque sabe que la injuria y la detracción destruyen la fraternidad más que cualquier otra culpa. Llamar "loco" a un hermano significa vaciarlo de su dignidad. En este año especial, nosotros los frailes de Asís llevamos este mensaje, no se puede ser "menor" si se conserva la ira. Francisco nos pide no injuriar, sino custodiar la belleza del otro.
De las Fuentes Franciscanas emerge el camino práctico para superar el juicio, la minoridad vivida como servicio. No es un concepto abstracto, sino una ternura concreta que se hace servicio. Francisco nos enseña que el único modo de no juzgar al hermano es decidir servirlo exactamente como quisiéramos ser servidos nosotros si estuviéramos en su lugar.
Piensen en su exquisita cortesía, cuando sabía de un fraile enfermo que deseaba un poco de uvas, no se limitaba a llevárselas, sino que lo acompañaba a la viña y se sentaba con él, comiendo primero para infundirle valor y no hacerlo avergonzarse de su debilidad.
La justicia del Evangelio se cumple aquí, no solo no condeno al hermano como "loco", sino que me hago "pequeño" para levantarlo en su fragilidad. La verdadera conversión es pasar de querer tener razón a querer cuidar.
Preguntémonos hoy, bajo la mirada de María y de Francisco, quién es el "loco" que todavía estoy condenando en mi corazón? ¿Qué ofrenda debo dejar ante el altar para ir a buscar la paz con alguien?
Oremos, Señor, en este Octavo Centenario del Tránsito de San Francisco, danos un corazón "menor". Purifícanos del veneno de la ira. Enséñanos, como hemos aprendido en la Porciúncula, que el perdón es la puerta del Cielo. Haznos instrumentos de paz, porque solo amando como queremos ser amados podemos acercarnos verdaderamente a Ti.
Amén.
