26 de febrero de 2026 - Primer Jueves de Cuaresma - fray John Luke Gregory

Evangelio del día meditado por el fray John Luke Gregory, Guardián del Convento de Santa María de la Victoria

26 Feb 2026

26 de febrero de 2026
I Jueves de Cuaresma
Fray John Luke Gregory

Saludos desde la Custodia de Tierra Santa. Soy Fray Luke, párroco de las islas de Rodas y Kos, y les doy la bienvenida al episodio de hoy de nuestra serie especial de Cuaresma.

Mientras emprendemos este viaje sagrado, detengámonos a reflexionar sobre la profunda sabiduría que se encuentra en las enseñanzas de Jesús, en particular sobre los hermosos gestos de pedir, buscar y llamar. Estos gestos, centrales en nuestra fe, sirven como pilares que nos guían en este tiempo de reflexión.

En el Evangelio, Jesús ofrece a sus seguidores una promesa que resuena profundamente en nuestros corazones: "Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá." Este poderoso mensaje va más allá de simples palabras, invitándonos a una relación de confianza y de abandono en la abundante generosidad de Dios. Es una invitación a recordar que, incluso en medio de la incertidumbre y los desafíos, estamos sostenidos por el amor divino.

Al reflexionar sobre el contexto en el que Jesús pronunció estas palabras, podemos imaginar la ansiedad que sus discípulos debieron enfrentar. Estaban navegando en un mundo lleno de pruebas y tribulaciones, y sin embargo Jesús los consuela con esta invitación a la confianza.

Su consuelo es un recordatorio luminoso de que nuestros clamores y súplicas no caen en el vacío, sino que encuentran una respuesta amorosa de nuestro Padre Celestial.

Además, Jesús aclara la naturaleza de esta generosidad divina mediante una analogía convincente. Nos pide considerar nuestras relaciones humanas: quién entre nosotros ofrecería una piedra como alimento cuando un niño pide pan, o una serpiente cuando pide un pescado? Esta imagen ilustra con claridad la esencia del amor de Dios por nosotros: no solo es bueno, sino también generoso y busca constantemente nuestro bien. Nos impulsa a creer que, como un padre amoroso,

Dios desea proporcionarnos lo que realmente necesitamos. En relación con estas enseñanzas, Jesús también nos ofrece un principio fundamental que resuena en toda la Escritura: la invitación a tratar a los demás como quisiéramos ser tratados. Esta directiva encierra la esencia de la Ley y los Profetas, invitándonos a evaluar nuestras interacciones, el núcleo de nuestra fe manifestada en la vida cotidiana. Mientras recorremos este tiempo de Cuaresma, somos exhortados a reflexionar sobre cómo encarnamos este principio. Somos, en nuestras peticiones a Dios, abiertos y confiados? Cómo encarnamos el espíritu de generosidad y bondad hacia quienes nos rodean?

Cada petición de oración puede ser un momento de reflexión y renovación, exhortándonos a cultivar un espíritu de servicio y compasión. Además, la Cuaresma nos llama a un examen más profundo de nuestras relaciones comunitarias. Cómo reflejamos, como comunidad, el amor de nuestro Creador? Mientras buscamos la bondad de Dios, recordemos que también estamos llamados a ser nosotros mismos vasos de amor y generosidad.

Al buscar la presencia de Dios en nuestras vidas, nos convertimos en los instrumentos a través de los cuales Su gracia fluye hacia los demás. Mientras caminamos juntos durante estas semanas que preceden a la Pascua, tomemos el tiempo para reflexionar seriamente sobre la naturaleza de nuestras oraciones. Son simplemente peticiones por nuestras propias necesidades, o incluyen también las de los demás? Nuestra capacidad de orar no solo por nosotros mismos, sino también por nuestros hermanos y hermanas en Cristo refleja una comprensión amplia del amor, que está en el centro de nuestro camino de fe. Que este tiempo de Cuaresma esté marcado por una creciente conciencia de nuestras necesidades espirituales y de las de nuestra comunidad. Un corazón abierto para recibir, un espíritu dispuesto a buscar y manos listas para servir: esta es la esencia de nuestro camino en este tiempo sagrado.

Mientras avanzamos en este tiempo de penitencia y reflexión, comprometámonos a ser más conscientes. Que elevemos nuestras oraciones, convirtiéndolas en una fuerte expresión de fe. Al relacionarnos con Dios y entre nosotros con sinceridad, cultivamos una comunidad viva del amor de Dios, un tapiz tejido por nuestra búsqueda colectiva.

En conclusión, recuerden la hermosa promesa hecha por Jesús: si pedimos, recibiremos, si buscamos, encontraremos, y si llamamos, la puerta se nos abrirá. Reflexionen sobre cómo pueden poner en práctica esta promesa en su vida y en la de quienes los rodean. Que nuestros corazones permanezcan en sintonía con los susurros de lo Divino, guiándonos en este tiempo sagrado.

Gracias por estar aquí con nosotros hoy. Que continúen reflexionando profundamente sobre estos temas en los días venideros y que su camino cuaresmal esté lleno de gracia.

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