20 de marzo de 2026 - Cuarto Viernes de Cuaresma - fray Jakab Varnai

Evangelio del día meditado por el fray Jakab Varnai, profesor del Holy Land College

20 Mar 2026

20 de marzo de 2026
IV Viernes de Cuaresma
Fray Jakab Varnai

Paz y bien.

Soy Jakab Varnai, un fraile franciscano húngaro al servicio del Custodio de Tierra Santa. Hablo desde el convento Terra Santa College en Jerusalén. Hemos escuchado un motivo típico del Evangelio de Juan.

Jesús habla a su propio nivel, divino, no humano, y hablan los que no lo conocen. Se contrasta nuevamente la visión humana de "A este sabemos de dónde es" y la divina de "El que me ha enviado es veraz". Entremos en el conflicto último mortal.

Como en todo el Evangelio de San Juan, Jesús tiene una claridad estupenda sobre su destino, espera su hora, cumple la voluntad del Padre, sigue el mandato divino. ¿Por qué condenaron a Jesús a la muerte? En su visión divina está claro, para que la gloria del Padre sea manifestada y el mundo tenga vida. A nivel humano, sin embargo, a nuestro nivel, donde buscamos entender causas y efectos, motivos y razones, su condena ocurre en una situación complicada.

Junto a la simplicidad de la visión divina de Jesús sobre su condena, podemos y debemos admitir la complejidad a nivel humano. En este nivel, la condena de Jesús no tuvo una sola razón. De hecho, sería un error fundamental buscar una única razón por la cual Caifás arrestó a Jesús.

Por eso es importante considerar siempre todo el contexto de la condena de Jesús como un conjunto compuesto por los siguientes elementos. Vemos que ya su misión pública implicaba cuatro elementos que lo ponían en conflicto con la mentalidad religiosa del judaísmo rabínico. Jesús proclamó que el reino de Dios estaba llegando y que pondría fin al orden actual del mundo y al orden de Israel y que las doce tribus serían restauradas.

Jesús afirmó poder enseñar la voluntad de Dios a otros con autoridad, aunque esto fuera en contra de las leyes mosaicas. Jesús fue capaz de reunir grandes multitudes a su alrededor y creó un círculo reducido de doce personas como símbolo de las doce tribus. Jesús se comportó con una libertad extraordinaria cuando comía con publicanos y pecadores.

Esto ya es material inflamable, pero si a esto añadimos que muchos de sus seguidores lo consideraban el Mesías davídico y que Jesús hizo la pretensión de tener un papel decisivo en el drama escatológico, entonces esto ya es peligroso a los ojos de la institución religiosa. Esta situación, peligrosa para ellos, se intensifica con los acontecimientos antes de la Pascua. Jesús entra triunfalmente en Jerusalén y purifica el Templo.

Entonces esto ya es un barril de gasolina para los sumos sacerdotes. Esto estaría acompañado por la pretensión de realizar milagros como signos tangibles de su reino venidero y de la justificación de sus pretensiones sobre Israel. Elementos de conflicto, todos estos, que crean una situación cada vez más complicada.

Este es nuestro mundo histórico. Y en este mundo resuena la respuesta de Jesús con simplicidad divina. "No he venido por mí mismo, sino que el que me ha enviado es veraz".

Jesús, María y San Francisco os acompañan en este día.

Paz y bien desde Tierra Santa.

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