Tercera peregrinación: el Evangelio para el presente

En la iglesia de la Flagelación, en la Vía Dolorosa, se abre el tercer miércoles de peregrinación cuaresmal de Jerusalén que concluye, en los días siguientes, con las peregrinaciones votivas tradicionales a Betania, a la capilla de la Ascensión y la iglesia del Padrenuestro.

Repleta para el evento, la pequeña iglesia de la Flagelación fue el centro de la celebración el miércoles 3 de abril. La iglesia, que se alza donde estuvo la fortaleza Antonia, tiene su origen en la que construyeron los cruzados en el siglo XII y después estuvo abandonada durante siglos.  Sus ruinas fueron compradas por los franciscanos en 1838 y, gracias a la generosidad de Maximiliano de Baviera, se volvió a abrir al culto.  El arquitecto Antonio Barluzzi la restauró en 1929, manteniendo el estilo medieval precedente.  Las vidrieras, que representan el juicio de Pilatos, la flagelación de Jesús y la liberación de Barrabás, ayudan a entrar en el misterio celebrado esta semana.  “Jesús nos pide adoptar una postura”, afirmó el ecónomo de la Custodia, fray Ramzi Sidawi en su homilía.  “Como Jesús, debemos tomar nuestras decisiones y le pedimos el valor para hacerlo y llevarlas a término en nuestra vida”.

El jueves 4 de abril, como es tradición en la cuarta semana de Cuaresma, una delegación de frailes de la Custodia y algunos peregrinos y fieles locales se dirigieron a la ciudad de Betania, hasta la iglesia situada cerca de la tumba de Lázaro. También la construcción de esta iglesia fue encargada al arquitecto Antonio Barluzzi, que la construyó entre 1952 y 1953 sobre las excavaciones arqueológicas de 1949.  “Estas peregrinaciones nos hacen revivir el Misterio que leemos en el Evangelio”, comentó fray Ramzi, “y el Evangelio es Palabra de vida para el presente, no es una Palabra del pasado.  Por ellohoy vivimos, revivimos y aprendemos de este misterio para nuestra vida, en estos lugares”.

La peregrinación continuó después hacia la capilla de la Ascensión y la iglesia del Padrenuestro, en la que los fieles escucharon el Evangelio del lugar, leído por dos diáconos franciscanos.

Giovanni Malaspina