San Esteban: una vida entregada

Repetida año tras año, la tradición custodial jerosolimitana del 26 de diciembre incluye dos celebraciones: la santa misa en la enfermería del convento de San Salvador, junto con los frailes ancianos que viven allí, y la celebración solemne de las vísperas en el lugar del martirio de San Esteban.

La primera tuvo lugar a las 7:30 de la mañana. En el último piso del convento de San Salvador, el atrio frente a la pequeña capilla construida para los franciscanos que viven allí recibió a los religiosos y religiosas que participaron en la celebración. “Todavía resuena el canto del gloria” comenzó su homilía el Custodio de Tierra Santa, fray Francesco Patton, que celebró, refiriéndose a la cercanía de esta fiesta con la Navidad. “Esteban nos enseña cómo vivir las situaciones difíciles y problemáticas de la vida, dividiéndolas en dos niveles. Uno es el de la historia, compuesto de logros, violencia y guerras; el otro es el de aquellos que saben alzar la mirada aun viviendo en las dificultades, para ver más allá del cielo cuál es el proyecto de Dios, que guía la historia, para que nazca la esperanza”.

La celebración de la tarde tuvo como escenario el lugar del martirio de San Esteban. Situado fuera de la Puerta de los Leones, en la ladera del Monte de los Olivos, el lugar del martirio es propiedad greco-ortodoxa. En este lugar se ven claramente algunos escalones tallados en la roca, que siguen la línea de los encontrados en el área superior, en la que estaba situado el templo. 

El martirio de San Esteban es un episodio muy importante para la Iglesia ya que en él se fundamenta el espíritu misionero que le es propio: de hecho, es justo después de este episodio cuando la iglesia se hace misionera gracias a la salida de los apóstoles del Cenáculo.  Fray Gabrijel Bosnjak, diácono y estudiante del Studium Teologicum Jerosolymitanum, comentó la lectura de las vísperas solemnes centrándose en la importancia de la figura de San Esteban, que casi se contrapone al nacimiento de Jesús.  “A primera vista puede parecer una paradoja: después del nacimiento de Jesús celebramos la muerte cruel de uno de sus discípulos. La vida y la muerte de San Esteban nos muestran que la Navidad es mucho más que un destello, que realmente vale la pena”.

Fray Gabrijel terminó su comentario citando a fray Hanna Jallouf, guardián del convento de Knayeh, en Siria, que recientemente recordó la importancia del mensaje de esperanza que Cristo nos regala cada año en Navidad, Él, “nuestra ancla de salvación”.

 

Giovanni Malaspina