Natividad de la Virgen María: en Santa Ana por Francia

En la solemnidad de la Natividad de la Santísima Virgen María, el domingo 8 de septiembre de 2019, en la basílica de Santa Ana, tuvo lugar la tradicional celebración eucarística que también recuerda la cercanía francesa a la Custodia de Tierra Santa.

Numerosos y variados fieles y religiosos francófonos participaron en la eucaristía en este día de fiesta.  El lugar donde tuvo lugar la celebración tiene su origen en el protoevangelio de Santiago, que señala cómo la casa de los padres de María – Joaquín y Ana – se encontraba “no muy lejos del Templo”.  A partir de la dedicación de la pequeña iglesia construida sobre la casa de los dos santos, en el siglo IV, la solemnidad fue extendida a todo Occidente por el papa Sergio I, de origen sirio.

La iglesia, construida por los cruzados, es uno de los edificios que se conservan intactos solo gracias al rey Saladino, que la transformó en escuela coránica Shafi’ita.  Para la Custodia de Tierra Santa es una celebración tradicional que hunde sus raíces en el pasado: también durante la ocupación musulmana los franciscanos intentaron por todos los medios conseguir el acceso para garantizar la celebración.  Lo consiguieron deslizándose a través de una ventana que aún es visible en el interior de la cripta.  No fue hasta el siglo XV cuando los frailes obtuvieron una autorización oficial que les permitía la celebración el día del nacimiento de la Virgen, el 8 de septiembre, y el de la Inmaculada Concepción, el 8 de diciembre.
Tras la guerra de Crimea, en 1856, el edificio fue donado a Napoleón III por el sultán Abdul Majid como agradecimiento por su ayuda militar en el conflicto.  La iglesia actual, restaurada después de la guerra de 1967 que provocó daños considerables, se confió al cuidado de los Padres Misioneros de África, una congregación misionera fundada por el cardenal Charles-Martial Allemand Lavigerie.

Fray Stéphane Milovitch, vice ecónomo custodial y responsable de la Oficina de Bienes Culturales, celebró la eucaristía.  La homilía se centró en la persona de María y en el papel que desempeña en el plan salvador de Dios.  “Sé que María está en el corazón de todos”, comentó fray Stéphane, “hoy, queremos darle gracias por su protección y reconocerla como la estrella de la nueva evangelización, de la que aprender cómo trasmitir a Cristo a los hombres y mujeres de nuestra generación”.  Una petición que surge de la iglesia de Jerusalén, a la que ella también pertenecía.

Para finalizar, antes de la bendición, se rezó la tradicional oración por la República Francesa, en la que se pidió al Señor que los hombres y mujeres de este país siempre busquen la justicia para garantizar a todos una paz sólida y verdadera.

Giovanni Malaspina