Misa in Coena Domini del Jueves Santo en el Santo Sepulcro

El Jueves Santo comenzó en Jerusalén con el sonido de las campanas del Santo Sepulcro, que después permanecerán en silencio hasta la Vigilia Pascual. En la iglesia de la Resurrección, esta mañana, monseñor Pierbattista Pizzaballa, administrador apostólico del Patriarcado Latino de Jerusalén, presidió las celebraciones del Jueves Santo. A pesar de la emergencia sanitaria y las restricciones, las liturgias en el Santo Sepulcro siguen teniendo lugar regularmente, gracias a los frailes franciscanos que viven en su interior, y a los pocos admitidos en los ritos del Triduo, junto con el obispo.

Los colores de las vestiduras sagradas marcaron los diferentes momentos: para la oración de la liturgia de las horas los celebrantes llevaban el morado cuaresmal, luego pasaron a las vestiduras blancas para la Messa in Coena Domini. Este año, como en muchas otras diócesis, no se ha celebrado la Misa Crismal con la bendición de los óleos, dada la imposibilidad de participar para el clero local.

 

“Todo el evangelio de Juan está jalonado por esta pregunta: de dónde viene este hombre y a dónde va. Es la pregunta sobre la identidad de Jesús – decía en su homilía monseñor Pizzaballa – (…) Pues bien, este misterio se nos revela precisamente en el evangelio de hoy: “Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía(13,1.3). La meta hacia la que Jesús se dirige y que prepara también para nosotros se revela aquí plenamente: Él viene del Padre y a él regresa, y así quiere que sea también para nosotros”.

 

El administrador apostólico del Patriarcado Latino se centró después en la importancia del gesto del lavatorio de los pies de Jesús, gesto simbólico que este año no se ha podido repetir, por las precauciones sanitarias. “El gesto que Jesús realiza es el gesto del paso entre la tierra y el cielo, entre el mundo y el Padre, lo temporal y lo eterno. Para mostrar el camino que lleva al Padre, Jesús lava los pies de los suyos”.

Monseñor Pizzaballa se refirió también a la actual situación de restricción que ha afectado a las personas, privándolas de muchas relaciones humanas: “Se diría que el Señor nos las ha quitado, para devolvérnoslas después purificadas. Quizá el Señor quiere purificarnos de nuestras relaciones posesivas y violentas, quiere decirnos que podemos elegir ayudarnos mutuamente o ser egoístas, pensando solo en nosotros mismos. El aislamiento y la soledad de estos días pueden enseñarnos que es posible cambiar de dirección y empezar un camino de conversión, destinado a volver a escuchar la Palabra del Señor”. (Aquí la homilía completa)

 

Por la tarde, debido a la situación actual, no se llevó a cabo la tradicional peregrinación al Cenáculo en la que el Custodio tradicionalmente lava los pies a los niños de la parroquia que recibirán la confirmación este año, a la que sigue la visita a la iglesia de los armenios y de los sirios. Fray Francesco, en cambio, presidió la Messa in Coena Domini de la comunidad de San Salvador. En su homilía (link) habló de la Pascua como liberación, no solo de la esclavitud, sino también de la muerte, del don de la Eucaristía como “medicina de inmortalidad” y del hecho de que cada ministerio de la Iglesia, pero también cada servicio en el mundo, deben realizarse desde la lógica de Jesús que lava los pies a los discípulos y bajo la perspectiva del nuevo mandamiento. En la homilía tampoco faltó, naturalmente, una referencia a la situación actual.

 

La noche del Jueves Santo en Jerusalén se celebra solemnemente la Hora Santa de Jesús en Getsemaní. Durante la Hora Santa, presidida por el Custodio de Tierra Santa, fray Francesco Patton, los fieles fueron invitados a meditar sobre los momentos de la Pasión de Jesús, para entrar con él en la muerte y así poder pasar a la resurrección de la Pascua. En la introducción, el Custodio recordó: “Sabemos que en este momento especialmente difícil para toda la humanidad, muchos de nuestros hermanos, como Jesús la noche del primer Jueves Santo, sienten angustia, están sudando sangre y viviendo la hora de su agonía, de su lucha por seguir confiando en el Padre y por entregarse totalmente a las manos del Padre, como Jesús y junto a Jesús. También nosotros, con Jesús, rezamos: «¡Abba!, Padre : tú lo puedes todo, aparta de mí este cáliz. Pero no sea como yo quiero, sino como tú quieres» (Mc 14,36). En las intercesiones se incluyó una oración especial por todos los que sufren las consecuencias de la actual epidemia, “para que Dios Padre conceda salud a los enfermos, fuerza al personal sanitario, consuelo a las familias y la salvación a todas las víctimas que han fallecido”.

 

 

Beatrice Guarrera