Mensaje de Pascua del Custodio de Tierra Santa, Fr. Francesco Patton

¡Cuéntales que la muerte ha sido vencida para siempre!

"Nos encontramos en la Basílica del Santo Sepulcro. A pocos pasos de aquí se encuentra la tumba vacía donde el cuerpo de Jesús fue sepultado en la tarde del Viernes Santo y unos metros más arriba está el Calvario, donde pocas horas antes Jesús fue crucificado y murió.
Si con la imaginación volvemos atrás a aquella mañana de Pascua, en lugar de la Basílica podemos ver una cantera abandonada, un sepulcro nuevo excavado en la roca y una gran piedra redonda que ha volcado. Aquí donde me encuentro ahora, en lugar de mármol, había hierba verde de primavera, tal vez algún árbol en flor.
Aquí, en la mañana de Pascua, cuando todavía no había amanecido, vino María Magdalena para completar la sepultura de Jesús. Imagino sus pies bañándose en rocío mientras se acerca al sepulcro. La luz del sol todavía no ha salido, pero en el instante de la aurora el contorno de las cosas comienza a distinguirse.

La tumba está vacía. No solo han matado a Jesús, sino que alguien lo ha hecho desaparecer. María mira dentro del Sepulcro, pero no ve a nadie. Solo una mortaja caída y vacía. Le falta la respiración. Vuelve al exterior y rompe a llorar; ni siquiera puede honrar el cuerpo sin vida de Jesús, que la había liberado de siete demonios y la había devuelto a la vida.
Entre las sombras del jardín, entrevé la silueta de un hombre que se acerca y le pregunta: “Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?” En el timbre de esa voz está el eco de una voz impresa en la memoria de su corazón. Pero lo único que puede pensar es que es el jardinero. Sin embargo, cuando esa voz de nuevo pronuncia su nombre, “¡Maria!”, entonces lo reconoce inmediatamente: “’Rabbuni’, que quiere decir ‘Maestro’”.

Le gustaría tocarlo, por temor a que sea una ilusión, una alucinación o un fantasma. Pero en cambio él, Jesús, resucitado y vivo, le dice: “No me detengas, ve a mis hermanos y explícales que me has visto! ¡Cuéntales que estoy vivo! ¡Cuéntales que mi tumba está vacía! ¡Cuéntales que la muerte ha vencido para siempre!

Aquí, en este lugar, ante esta escena, comprendo que la esperanza no es la proyección de mis deseos, sino que es Jesucristo quien ha vencido a la muerte.
Aquí, en este lugar, comprendo que Jesús Resucitado es el jardinero de la vida, el que ha vencido a la muerte atravesándola, y ha vencido todos nuestros miedos, nuestras angustias.
Aquí, en este lugar, comprendo que al asumir sobre sus espaldas el mal del cosmos y de la historia, el mal de cada uno de nosotros, Jesús ha vencido a toda forma de maldad.
Jesús resucitado es ahora mi esperanza segura. Acogerlo con fe es recibir la única vacuna que me puede salvar del virus de la muerte, del miedo y de la angustia, del virus del mal que contagia nuestra humanidad y nuestra historia, del virus de una vida sin sentido y sin un objetivo.

Hoy, cuando la pandemia todavía siembra muerte en todo el mundo, siento que depende de mí, de ti, de cada uno de nosotros, acoger la invitación que Jesús hizo a María Magdalena: “¡Ve a mis hermanos y explícales que me has visto! ¡Explícales que el miedo, la angustia, la desesperación y la muerte han sido vencidas, para siempre! ¡Explícales que la vida todavía tiene sentido! ¡Explícales que aquí ha nacido una nueva humanidad!

Felices Pascuas, este año, sobre todo, a los enfermos, a sus familiares, a los enfermeros y médicos que les asisten. Felices Pascuas a aquellos que están a punto de pasar de este mundo al Padre, junto a Jesús. Felices Pascuas a todos aquellos que están poniendo en riesgo su vida para garantizar los servicios esenciales de nuestra sociedad.
Felices Pascuas a cada uno de vosotros y a vuestras familias. Que Cristo Resucitado os guarde en la esperanza y os permita vislumbrar la vida que fluye de esta tumba vacía.

Felices Pascuas."

Fr. Francesco Patton
Custodio de Tierra Santa