Los acontecimientos de Nazaret: el punto de vista de la Custodia de Tierra Santa

¿Podía haber sido peor en la basílica de Nazaret el viernes 3 de marzo? El viernes, hacia las 17.30, el Custodio de Tierra Santa, P. Pierbattista Pizzaballa, que estaba en Italia, tuvo un sobresalto al oír estas palabras: “¡Hay una bomba en la basílica de la Anunciación!”. En ese momento no se sabía si había explotado o si estaba para hacerlo. Se sabía sólo que a esa hora se desarrollaba, en este primer viernes de Cuaresma, el Vía Crucis que seguían los fieles locales y algunos peregrinos. Una bomba … en la basílica…uno de los tres lugares santos más importantes del cristianismo, bajo la responsabilidad de los franciscanos de Tierra Santa. La confusión era total en el propio Santuario, dónde había tenido lugar la explosión y los rumores crecían. Se había dicho que “habría habido heridos y un muerto”. El corazón de la ciudad árabe se enfurecía y la gente estaba ya en el lugar para manifestar su cólera. Una multitud compuesta de cristianos y de musulmanes.

Los testigos que hablaban a la prensa, que enseguida hab’ia llegado al lugar, estaban en estado de confusión y sus testimonios eran contradictorios. El único punto en el que todos estaban de acuerdo era que la acción había sido cometida por uno o varios judíos. Se hablaba de miembros, hasta cinco, de un grupo de extremistas judíos religiosos.

La elección de la prudencia
En Jerusalén, en el convento de San Salvador, el P. Artemio Vítores, Vicario Custodial, y el P. Stéphane Milovitch, Secretario de la Custodia seguían como podían la situación dejándose llevar por la prudencia hasta se conocieran mejor los hechos. La Custodia no quería poner más fuego a una situación que era ya explosiva en Nazaret, en donde una manifestación delante de la Basílica estaba a punto de degenerar en violencia. La tesis de un grupo extremista religioso en el momento del comienzo del shabbat hac’ia planear la duda sobre la identidad de los autores de esta fechoría. Se le acusa a la Custodia se no haber denunciado el acto de un judío en su comunicado de las 22.30. ¿Había que insistir sobre el judaísmo de él cuando su mujer era cristiana? En efecto, a esa hora ya habían sido identificados los culpables, una pareja de triste recuerdo.

Por la noche, las agencias de prensa, que a las 18 no dudaban en hablar de extremistas religiosos, estaban ahora preocupadas por la cólera desencadenada por unos petardos. Sí, la manifestación había llegado a extremos indeseados que la Custodia deplora no sólo porque ha habido heridos tanto de la parte de los manifestantes como de la policía, sino también porque a causa del cariz que tomaron estaban muy lejos del espíritu cristiano.

Y sin embargo, no pueden reducirse los acontecimientos a la explosión de algunos petardos. Las fotos tomadas por los franciscanos de Nazaret atestiguan muy bien la presencia de petardos y de bombonas pequeñas de gas. Los franciscanos no eran especialistas en desactivar explosivos; ellos no podían, ni querían, hacer especulaciones sobre los daños que la explosión habría podido causar. Pero ha habido atentado y tentativo de atentado en la basílica de Nazaret.

La Custodia de Tierra Santa condena firmemente todo acto cometido contra un lugar sagrado y contra los creyentes que lo frecuentan no importa de la religión que sean. La Custodia agradece a todos los que en esa misma tarde le han manifestado su apoyo y solidaridad, pero no puede por menos de deplorar que la manifestación del viernes por la tarde en Nazaret haya degenerado tomando un cariz político en un momento que el País está en un período electoral: “La política no debe traspasar los umbrales de los santuarios”, afirma el P. Custodio Pierbattista Pizzaballa.

¿Quiénes son los autores? Haïm Eliahou Habibi, judío, 43 años, y su esposa Violette, cristiana, 40 años. No son dos desconocidos para los servicios de información de Israel ya que ellos ya amenazaron en marzo de 2003 con hacer explotar la Basílica de Belén, en Cisjordania, donde se habían atrincherado antes de entregarse sin violencia alguna. El hombre, judío israelí, es conocido por ser al menos de carácter inestable. ¿Su acción ha sido un acto deliberado contra un lugar santo cristiano, contra lo que él representa y contra la comunidad de los creyentes? Lo dirá la investigación.

Una exigencia de justicia
Sin querer acusar a nadie, ni de un modo especial a los judíos en general ni al Estado de Israel, no por eso la Custodia de Tierra Santa deja a un lado su solidariedad con la población árabe que ella sostiene tanto en Israel como en los Territorios palestinos. Pero la vocación de los hijos de San Francisco no es la de urgar en los sufrimientos. En Israel como en los Territorios palestinos, la Custodia apela al respeto de los derechos del hombre, de todos los hombres, y a la libertad de culto. Ella pide con insistencia al Estado de Israel que vele, como le obligan sus leyes, por los Santos Lugares. Por todos los Santos Lugares.

Presente en Israel, la Custodia de Tierra Santa conoce y comparte los sentimientos de la población árabe israelí, y en especial la situación de los cristianos, considerados ciudadanos de segunda categoría. Ella comprende la frustración de los ciudadanos israelíes que, por el hecho de ser árabes, conocen todo tipo de discriminaciones, especialmente en la contratación. Es por eso que la Custodia, cuando puede y cuando debe, no duda en reclamar al Estado de Israel su deber de garantizar la igualdad de derechos entre los ciudadanos de su país. En estos acontecimientos, la Custodia se alegra del apoyo que ha encontrado en la Iglesia de Tierra Santa, en las personas de su Beatitud Mons. Michel Sabbah y de Mons. Giacinto Boulos Marcuzzo, de Mons. Gianfranco Gallone, secretario de la Nunciatura, como del apoyo de las Iglesias hermanas de Galilea y también de los representantes que se han desplazado de Jerusalén, en especial las Iglesias griego-católica, maronita, griego-ortodoxa, anglicana, luterana y de la Iglesia reformada.

Se alegra también del apoyo de la población musulmana que se ha ofendido porque un lugar dedicado a la Virgen María, venerado en el Islam, haya sido ultrajado. Ella espera encontrar siempre a su lado a la comunidad musulmana cuando los lugares santos bajo su responsabilidad estén amenazados. La paz ha vuelto a Tierra Santa y el sábado por la tarde los franciscanos han realizado una procesión mariana habitual, piadosa y al mismo tiempo feliz. La multitud, más numerosa que de costumbre, ha venido sin lugar a dudas a dar gracias al Señor y a la Virgen María porque los acontecimientos no se hayan desbordado. Esta gente – mucho más numerosa el domingo durante la celebración en una iglesia repleta de fieles – se ha apresurado, después de la Santa Misa, a saludar a su Beatitud Mons. Sabbah, al P. Custodio Pierbattista Pizzaballa, a Mons Marcuzzo y a Mons Chacour.

Los hermanos de la Custodia, en Nazaret y en los otros lugares de Tierra Santa, continuarán su misión de animación de los Santos Lugares y de sostén de las poblaciones para que reine en este país la paz, una paz justa y necesaria. ¡Quiera Dios que, imitando el ejemplo de la Virgen María en Nazaret, tengamos nuestros corazones preparados para escuchar la Palabra que quiere encarnarse en nosotros y que el Señor encuentre obreros deseosos de establecer un mundo de paz y de amor!