“Lo reconocieron al partir el pan”

El día siguiente a la Pascua, como cuenta el Evangelio, Jesús se apareció a los dos discípulos que se dirigían a Emaús.  Siguiendo sus pasos, también los frailes de la Custodia de Tierra Santa y los fieles, peregrinos y parroquianos de San Salvador de Jerusalén y otros lugares cercanos, se desplazaron para contemplar este pasaje en el lugar en que se recuerda.

En este santuario, llamado Basílica de la Manifestación de Nuestro Señor Jesucristo, se venera la aparición de Cristo resucitado tras la resurrección.  El Evangelio especifíca exactamente el nombre del lugar y la distancia (60 estadios, unidad de medida de longitud para los romanos, que corresponde a unos 11 km).  El Qubeibeh es el sitio más reciente al que se ha reconocido el título de Emaús: los bizantinos habían identificado otro lugar a varios kilómetros de distancia, Nicópolis, donde todavía hay un santuario, pero los cruzados lo trasladaron a Abu Gosh porque Nicópolis estaba a 160 estadios de Jerusalén, que, según algunos códigos, eran demasiados.
Al final de las Cruzadas, el lugar se trasladó de nuevo porque Abu Gosh no estaba cerca de la calzada romana de la época.  El sitio de El-Qubeibeh parece que cumple todos los criterios: se encuentra a la distancia justa y no muy lejos de las ruinas de una calzada romana de la época y, por esta razón, desde el siglo XIV los franciscanos se establecieron allí, favorecidos también por la existencia de tradiciones populares y por la situación topográfica especial del pueblo.

La celebración eucarística, presidida por el Custodio de Tierra Santa, fray Francesco Patton, comenzó con el recuerdo a las víctimas de los atentados de Sri Lanka. “Celebramos esta misa en memoria de las personas fallecidas en Sri Lanka debido a los ataques terroristas y por los que sufren a causa de este triste suceso”, dijo el Custodio, al presentar la celebración.  “Jesús camina siempre con nosotros, nos ofrece el pan”, continuó, “y cuando lo hace, nuestros ojos lo reconocen, nuestros pies se mueven para seguirle y nuestras lenguas hablan de la Verdad”.  El pan, un símbolo metafórico, fue el protagonista: el Custodio fray Patton bendijo numerosos panes y los distribuyó entre los fieles presentes, siguiendo una tradición que hunde sus raíces en el pasado.

El párroco de San Salvador de Jerusalén, fray Nerwan Al-BannaBaho pronunció la homilía, incluyendo esta etapa dentro del itinerario parroquialde la Pascua. 
“El signo de este día es el encuentro”, comentó el superior del convento de Emaús, fray Salem Younis, “no solo con el Señor sino con los hombres, con la gente; partir el pan como hizo Jesús y compartirlo con los pobres y visitantes del santuario, sin discriminación: esta acción se convierte también en nuestro símbolo espiritual”.

Giovanni Malaspina