
A orillas del lago de Galilea, escenario de numerosos acontecimientos evangélicos, la memoria de los milagros de Jesús continúa hablando a los peregrinos de todos los tiempos. Entre estos lugares cargados de significado se encuentra Tabgha, donde la tradición sitúa el milagro de la multiplicación de los panes y los peces y el llamado Primado de Pedro, la entrega al Apóstol de la tarea de guiar a la Iglesia.
Es precisamente aquí donde hoy el Custodio de Tierra Santa, Fray Francesco Ielpo, ha bendecido e inaugurado el renovado convento franciscano de Tabgha. Las obras de restauración han devuelto nueva vida a los espacios de la fraternidad, con vistas al lago de Galilea, haciéndolos más funcionales y acogedores para la comunidad de frailes que aquí reciben a los peregrinos que llegan en oración.

En su discurso de agradecimiento, el Custodio subrayó cómo las fraternidades franciscanas, puestas al servicio de los Lugares Santos, son un signo concreto del Evangelio vivido.
“La pregunta fundamental de toda búsqueda vocacional es simple y profunda: ¿Dónde vives?”, recordó Fray Ielpo, evocando la pregunta dirigida a Jesús en el Evangelio. “Jesús no indica un lugar geográfico, sino que abre a una relación: Venid y ved, es decir, permaneced conmigo”.
En este espíritu se sitúa la bendición del convento renovado: el deseo es que la comunidad que lo habite se convierta en signo de dónde habita Jesús hoy, no tanto entre los muros de un edificio, sino dentro de una relación fraterna auténtica, capaz de hacer presente a Cristo en medio de los suyos.
“Que cada peregrino pueda decir: hemos estado en la casa de Jesús, porque ha encontrado frailes que viven una verdadera comunión”, añadió el Custodio. Una bendición que se refiere no solo a los espacios renovados, sino sobre todo a la fraternidad llamada a animarlos.

También en las palabras del arquitecto responsable de las obras, el doctor Luis Riera, emergió con fuerza el sentido de servicio a la Custodia de Tierra Santa, a la Iglesia y a la comunidad local. La restauración del convento, no exenta de dificultades, presentó diversos desafíos.
En primer lugar el desafío de la conservación: en el salón del convento se sacó a la luz un muro de origen bizantino, poniendo así en valor la historia del lugar. A ello se sumaron las complejidades logísticas y jurídicas, relacionadas con el respeto del presupuesto y de las normativas locales.
Por último, un desafío más personal: ponerse al servicio de la misión de la Custodia, dialogando con los frailes para devolver una casa realmente funcional y acogedora, respetando las estructuras preexistentes. Un trabajo pensado para que quienes vivan allí puedan sentirse verdaderamente en casa y continuar, día tras día, su misión.

Antes de la bendición del convento y de la capilla, Fray Ielpo quiso expresar un sincero agradecimiento a los benefactores que hicieron posible la restauración.
“Los Frailes Menores de Tierra Santa pueden continuar su misión gracias a la generosidad de tantos benefactores. Este lugar no es solo una casa para los frailes, sino un espacio de fraternidad que testimonia la presencia de Cristo a todos los que pasan por él”.
En la celebración estaban presentes algunos peregrinos polacos, llegados expresamente para la inauguración, acompañados por Mons. Krzysztof Włodarczyk, obispo diocesano de Bydgoszcz. Entre ellos también el doctor Marek Małecki, principal benefactor de las obras, junto con la contribución de la asociación Pro Terra Sancta.
Un signo concreto de cómo la comunión, vivida y sostenida por muchos, continúa haciendo vivo el Evangelio en los Lugares Santos.
Francesco Guaraldi
