La Custodia de Tierra Santa en Egipto: el convento del Muski

Fue el 21 de abril de 1632 cuando el entonces Custodio de Tierra Santa, fray Paolo da Lodi, obtuvo del cónsul de Venecia, Giovanni Donato, una casa para los franciscanos que prestaban servicio en El Cairo.  Casi cuatrocientos años después, la Custodia de Tierra Santa aun trabaja en la capital egipcia a través del convento del Muski. Egipto ha sido siempre cuna de importantes hechos bíblicos e históricos: desde la historia del pueblo de Israel narrada en el Éxodo a la huida a Egipto de la Sagrada Familia, hasta el encuentro histórico de San Francisco con el sultán Malek El Kamel hace 800 años, conmemorado el año pasado.

“Actualmente aquí, en el convento del Cairo, tenemos el Centro Franciscano de Estudios Cristianos Orientales, que desde 1954 representa el paso entre Oriente y Occidente”, explica fray William Faltas Makar, guardián de la fraternidad del Muski, donde viven permanentemente cuatro frailes. “La presencia de la Custodia en Egipto es muy importante y el Muski es un puente entre la provincia de la Orden de los Frailes Menores de Egipto y la Custodia de Tierra Santa”. En los años noventa, de hecho, cuando la provincia franciscana de Egipto, que antes formaba parte de la Custodia, se convirtió en autónoma, la Orden de los Frailes Menores decidió dejar el convento del Muski a los frailes de Tierra Santa para que siguieran gestionando el Centro de Estudios y la biblioteca.  La gran biblioteca cuenta con más de treinta mil volúmenes y una colección de manuscritos orientales en árabe, sirio, copto, armenio, turco y persa.  

En el convento también se encuentra un gran archivo histórico y la parroquia de la Asunción de María Santísima, al servicio del reducido número de cristianos latinos. En el pasado, debido a la numerosa comunidad de extranjeros presente, el convento del Muski era la parroquia latina más grande de El Cairo, con tres sucursales: San José, Bulacco y Meadi, que después se convirtieron en parroquias independientes. Durante los primeros años del siglo XX, los fieles eran unos veinte mil y más tarde llegaron a más de cuarenta y cinco mil entre italianos, malteses, austriacos, eslavos, franceses y orientales. “Hoy los cristianos latinos han disminuido drásticamente porque después de la revolución egipcia de 1952 muchos extranjeros abandonaron el país – explica fray William –. En la actualidad la única comunidad floreciente de latinos es la comunidad sudanesa”.

La parroquia de la Asunción también es frecuentada por los coptos católicos y se llena de fieles, sobre todo con ocasión de las fiestas.  “Este año hemos tenido un bautismo por primera vez después de más de veinte años – cuenta fray William Faltas, que también es el párroco –. También trajimos algunas reliquias de Santa Rita y organizamos una celebración para animar la parroquia.  Nos encargamos también de las capellanías de las hermanas del Buen Pastor y de las hermanas misioneras del Corazón Inmaculado de María”.

Los frailes de la Custodia de Tierra Santa también están comprometidos en ayudar a los más pobres, con adopciones a distancia, apoyo económico a los enfermos y la posibilidad de albergar a estudiantes extranjeros que pernoctan en El Cairo. “Ofrecemos también alojamiento temporal a familiares y amigos de los enfermos, que vienen a un hospital especializado en el tratamiento del cáncer situado cerca de nuestro convento del Muski – continúa el guardián de la fraternidad – Intentamos brindarles un poco de consuelo, ayuda económica, un lugar donde descansar.  También con la situación creada por la pandemia del coronavirus ahora hay muchas personas que sufren. No hemos tenido ningún caso cercano, pero han cambiado muchas cosas. Como orientales, por ejemplo, tenemos la tradición de besar las estatuas sagradas, los lugares, pero en este tiempo hemos tenido que mantener la distancia. Y lo mismo en las visitas a amigos y familiares”.

Las relaciones con la comunidad musulmana son también muy buenas gracias a la actividad académica del Centro de Estudios y a la presencia en la biblioteca de libros de estudios islámicos. “Muchos piden venir a nuestra biblioteca para estudiar el doctorado o hacer la tesis de licenciatura, y con frecuencia solicitan la ayuda de nuestros frailes, muy apreciados en el ámbito académico”, explica fray William. De hecho, nombres reconocidos en el área de los estudios orientales son los de fray Vincenzo Mistrih, experto en latín y griego,  fray Wadi Abullif Malik Awad, editor de textos arabo-cristianos, y fray Vincenzo Ianniello, responsable del Centro de Estudios, de la biblioteca y del archivo de gran valor.

A pesar de sus muchas obligaciones, los frailes de la Custodia de El Cairo tratan siempre de no descuidar la vida fraternal de la comunidad, rezando juntos todos los días.

“Hace poco tuve la gracia de recibir autorización para demoler un edificio abandonado desde hace muchos años que se encuentra a doscientos metros del convento – concluye fray William Faltas Makar –.  Por fin lo hemos obtenido y ahora tenemos que pensar en el destino de ese terreno, para construir un bonito proyecto para Egipto”.



 

Beatrice Guarrera