La celebración de la Navidad en Belén

Una Belén de fiesta recibió con alegría al administrador apostólico del Patriarcado Latino, monseñor Pierbattista Pizzaballa. Así comienza cada 24 de diciembre en la ciudad donde nació Jesús.  Las celebraciones de la Nochebuena, según la tradición, son precedidas por el sonido de los cantos y tambores de los scout de Tierra Santa, que esperan al obispo para su entrada solemne en la plaza del Pesebre. Saliendo de Jerusalén, monseñor Pizzaballa realiza cada Navidad el mismo recorrido hasta la basílica de la Natividad. Así también este año la primera parada fue en el convento greco-ortodoxo de Mar Elías, donde se reunió con el párroco y el alcalde de Beit Jala.  Luego, ante la tumba de Raquel, donde solo es posible detenerse dos veces al año, fue el momento del intercambio de felicitaciones entre el obispo y el párroco de la iglesia de Santa Catalina en Belén, fray Rami Asakrieh, y el alcalde de Beit Sahour. Monseñor Pierbattista Pizzaballa entró después en Belén, recibido por el alcalde de Belén, Anton Salman. Según lo previsto por el Status Quo, delante de la iglesia de la Natividad lo esperaba fray Luis Enrique Segovia Marín, guardián de la fraternidad franciscana de Belén, junto a representantes de las comunidades greco-ortodoxa y armenia.

Con las primeras vísperas celebradas en la iglesia de Santa Catalina a las cuatro de la tarde, se entró en la Nochebuena. Para alimentar el ambiente de alegría en Belén había muchos peregrinos llegados de todo el mundo, que quisieron unirse a las oraciones de la tarde y que esperaban la misa de la noche.
Antes de ir a la iglesia de Santa Catalina para la misa, los frailes franciscanos de la Custodia de Tierra Santa se reunieron, como suelen hacer en Navidad, para cenar con el administrador apostólico del Patriarcado Latino y las autoridades civiles.  Se hallaban presentes el presidente palestino, Mahmud Abás, el primer ministro de la Autoridad Palestina, Mohamed Shtayé, el primer ministro de Malta, Joseph Muscat y un representante de Su Majestad el rey Abdalá II, Musa Bek Al Daud.

Las celebraciones de la Nochebuena en Belén cobraron vida a medianoche, cuando monseñor Pizzaballa entonó el Gloria in Excelsis Deo, anunciando la Navidad, junto con las campanas de fiesta. En primera fila, las autoridades políticas locales y los cónsules generales de España, Italia, Francia y Bélgica, las cuatro naciones declaradas católicas.
«Podríamos decir que la Navidad es el día en el que somos llamados a preguntarnos una vez más sobre dónde nos situamos – dijo en la homilía el administrador apostólico del Patriarcado Latino –: ¿caminamos con los pastores, buscando al Emmanuel, al Dios con nosotros, en nuestra vida y en la del mundo, o también nosotros estamos encerrados en nuestros palacios?»

El modelo a imitar en nuestra vida cotidiana, según el obispo, debe ser el de Belén: la humildad, la pobreza, el ser pequeños, aunque a menudo nos cueste.  «Esto sucede cuando nos negamos a aceptar en nuestra realidad la existencia del que es distinto a nosotros, ya sea judío, musulmán o cristiano – continuó Pizzaballa -.  Sucede cuando nos cansamos de hablar de paz y de construirla, pero la consideramos una utopía irrealizable».  En esta situación, lo único que queda es mirar al niño, llevado simbólicamente en procesión al final de la misa hasta la Gruta de la Natividad. «Un niño sabe despertar en cualquiera, incluso en el corazón más duro, ternura y sonrisas – dijo monseñor Pizzaballa -.  Esa sonrisa y esa ternura son parte de la gloria con la que los ángeles envolvieron a los pastores.  Que el Niño de Belén despierte en nosotros la ternura y nos regale de nuevo una sonrisa. Aunque no resuelva todos nuestros problemas, ese Niño nos hará realmente felices».

Beatrice Guarrera