Jerusalén: los nuevos sacerdotes de la Iglesia Universal proceden de tres continentes distintos

El martes 29 de junio, solemnidad de los santos Pedro y Pablo, para la Custodia de Tierra Santa es un día especial: cada año, precisamente en este día, son ordenados presbíteros algunos jóvenes frailes franciscanos que completan su itinerario de formación. Procedentes de África, América y Asia, son cinco los nuevos sacerdotes ordenados en Jerusalén por la imposición de manos de S. B. PierbattistaPizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén, que presidió la celebración eucarística.

En su homilía, el Patriarca habló de las figuras de Pedro y Pablo, presentadas en las lecturas del día. Pedro, “impetuoso, dinámico, impulsivo”, que después de haber confiado plenamente en Jesús, “solo se preocupa de anunciar que Cristo es el kyrios, y eso es todo. No le interesa nada más que hablar de la salvación del alma, indiferente a su vida. Por eso termina en la cárcel, pero ni siquiera eso le preocupa más de la cuenta.  Confiar en Dios significa dejar que las cosas sucedan, preocuparse de lo esencial, que es la salvación”.

“En este punto del camino de su vida”, comentó Su Beatitud, “Pedro ha aprendido a confiar, a dejar hacer, a esperar. Ha aprendido que su vida está en manos de otro, a quien pertenece, y no se angustia, no tiene miedo. Puede vivir o puede morir, no importa mucho. Lo importante es que su vivir y su morir hablen de la vida y muerte de su Señor, Jesús, que le ha salvado de la muerte”.

Y luego Pablo, que se enfrenta a la muerte y solo le queda una cosa: la fe. “Este es el gran tesoro de Pablo, en comparación con el cual todo lo demás es nada, es basura”, subrayó el Patriarca. “Todo lo demás, todas sus batallas, sus esfuerzos, sus viajes, su predicación… Todo desaparece y solo queda una cosa: que Pablo cree. Y cree por encima de todo en Jesucristo, que sigue activo, vivo”.

“La obediencia”, concluyó Pizzaballa, “es el criterio para comprender la naturaleza de vuestro ministerio. En la obediencia a la Iglesia, en sus distintas formas, se manifestará concretamente la libertad y la gratuidad de vuestro ministerio. A través de la obediencia se comprenderá claramente que vuestra vida es un servicio y un don, y no una posesión”.

Que vuestro servicio sea un pequeño reflejo de la salvación de la que dieron testimonio Pablo y Pedro y que nosotros celebramoshoy, a través de ellos”.

Al final de la homilía y después de rezar las letanías, el Patriarca impuso las manos sobre los nuevos sacerdotes. La imposición culminó con la vestición de las vestiduras sacerdotales y la unción de las palmas de las manos. Como prevé la liturgia, en el último momento se entregó la patena y el cáliz, con el pan y el vino, acompañados de la oración “date cuenta de lo que vas a hacer, imita lo que vas a celebrar, conforma tu vida al misterio de la cruz de Cristo el Señor”.

Para terminar, el vicario custodial, fray DobromirJasztal, que concelebró, dio las gracias en nombre del Custodio de Tierra Santa fray Francesco Patton y de la fraternidad de la Custodia. “Gracias a Su Beatitud PierbattistaPizzaballa porque con el ministerio de la imposición de manos y la oración consagratoria ha querido instituir a estos presbíteros para la iglesia universal, pero también para las iglesias locales y las provincias de Tierra Santa, del Congo, de Perú y de Centroamérica. Esperamos que sean siempre instrumentos fuertes, fieles y eficaces de la gracia que han recibido”.

Fray Jean y fray George, dos de los nuevos sacerdotes, tomaron después la palabra para la acción de gracias final. “Damos gracias a Dios por su protección, por su amor que nos ha manifestado acompañándonos en nuestro camino vocacional, formativo y académico” dijeron, primero en italiano y luego en árabe. “Estamos muy agradecidos por su amor y su benevolencia”.

 

Giovanni Malaspina