Jerusalén: fiesta de la Invención de la Santa Cruz

La efeméride de la Invención de la Santa Cruz se celebra el 7 de mayo y es una de las fiestas tradicionales que aún se celebra en Tierra Santa tras el cambio del calendario litúrgico en 1969.

La invención (o “descubrimiento”) de la Santa Cruz por Santa Elena, madre del emperador Constantino, tuvo lugar en Jerusalén en el 327, en un lugar no muy lejos del Calvario. Aunque la reforma litúrgica de 1969 suprimió algunas fiestas para la Iglesia universal, y eligió eliminar esta en favor de la de la Exaltación, la Iglesia de Jerusalén quiso mantener el recuerdo de esta fiesta que anteriormente se celebraba el 3 de mayo, pero después se trasladó al 7 del mismo mes.  Esta fecha permitía así seguir dentro del tiempo pascual, uniendo el misterio de la Cruz al de la Resurrección, al recordar el 7 de mayo de 351, día en que, como escribe San Cirilo, “una enorme cruz luminosa apareció en el cielo, sobre el Santo Gólgota, y se extendió hasta el Monte de los Olivos”.

La celebración comenzó la tarde del 6 de mayo con la entrada solemne en la basílica del Santo Sepulcro del Custodio de Tierra Santa, fray Francesco Patton, que presidió la procesión diaria, las Vísperas solemnes, y la oración nocturna en la capilla de Santa Elena.  Y terminó la mañana del 7 de mayo con la solemne celebración eucarística y la procesión al Edículo del Santo Sepulcro con una de las reliquias existentes de la verdadera Cruz.

“¿De qué nos gloriamos y de qué deberíamos gloriarnos?, preguntó el Custodio en su homilía.  Fray Patton no olvidó citar a San Francisco y la Admonición V (FF 154), encontrando en su paráfrasis la respuesta a la pregunta. “La respuesta correcta es solo una: la Cruz de nuestro Señor Jesucristo, hecha nuestra, llevada de manera existencial, no como un adorno al cuello ni como un estandarte de procesión, sino como algo que forma parte de nuestro seguimiento diario a Jesús, que marca nuestra forma de vivir, nuestra persona, nuestra carne”.  Porque, afirmó el Custodio, por muy inquietante que resulte, es en la Cruz donde encontramos nuestra salvación, vida y resurrección. 

Tras la misa solemne, los fieles que se habían reunido para la celebración siguieron a los frailes franciscanos en procesión hasta el Edículo del Santo Sepulcro para realizar las tres vueltas tradicionales y las tres bendiciones: al Edículo, al altar de María Magdalena y a la capilla de la Aparición de Jesús a su madre.

Giovanni Malaspina