Jaffa: inaugurados nuevos espacios en la parroquia de San Antonio

El sábado siguiente a la fiesta de San Antonio es tradición que el Custodio de Tierra Santa visite la parroquia de San Antonio de Jaffa. Así, también este año el Custodio celebró el 12 de junio la fiesta del santo de Padua con los feligreses de Jaffa. Además de la comunidad católica árabe, en Jaffa hay numerosas comunidades de migrantes, que reciben asistencia espiritual tanto en la parroquia de San Antonio como en la iglesia de San Pedro, en la ciudad vieja.

“Celebramos el triduo por San Antonio y después el Custodio de Tierra Santa participó en la procesión con la imagen del santo, que desde la iglesia de San Pedro llega hasta aquí, a la parroquia de San Antonio – explica el párroco, fray Agustin Pelayo –. Cada año asisten cientos de personas a la procesión. Tras la santa misa, celebrada al aire libre, en el exterior de la iglesia, llegó el momento de la bendición del nuevo centro parroquial”. Se trata de nuevos locales anexos a la parroquia, que se han construido gracias al apoyo económico de la Custodia de Tierra Santa, la generosidad de los donantes locales y también a la contribución del municipio de Jaffa, que financió la zona de juegos.

El Custodio de Tierra Santa, fray Francesco Patton inauguró las nuevas salas multiuso en presencia de los parroquianos y de las autoridades del ayuntamiento de Jaffa. Para seguir manteniendo el ambiente de alegría, la fiesta continuó con un concurso de baile, un concurso de trajes tradicionales de los países de origen de los participantes y una competición culinaria, para luego concluir con la cena.

“La restauración ha sido posible gracias también a la contribución de los feligreses – explicó fray Agustin –. Durante el mes mariano, cada día llevé una estampita a los hogares donde celebrábamos un encuentro de oración, y muchos de ellos después quisieron donar alguna cantidad, por ejemplo, para comprar las flores de la iglesia. A veces me paran por la calle para preguntarme cómo entregar un donativo para los pobres”.

En la parroquia de San Antonio, actualmente solo prestan servicio dos frailes franciscanos, pero su esfuerzo ha sido importante para permanecer junto a los cristianos locales durante el largo periodo del coronavirus. “Construimos un escenario en el patio para celebrar misas al aire libre durante la época del coronavirus – continúo el párroco –. La iglesia es el único lugar donde los cristianos migrantes pueden ser ellos mismos: traen comida, cocinan y los niños juegan. Por eso hemos construido salas nuevas con varias cocinas. También inauguramos una sala que servirá para recibir el pésame por los fallecimientos, como es costumbre local, una sala para la escuela dominical y una sala para las catequesis de preparación para la comunión y la confirmación”. 

I nuovi locali multiuso sono dunque pronti ad accogliere le attività delle comunità parrocchiali e dei migranti. A collaborare alla pastorale per i cristiani locali, c’è anche la chiesa di San Pietro, santuario custodito di francescani, dove risiedono sette sacerdoti di nazionalità diversa. “Ognuno di noi si incarica di prendersi cura di una comunità cristiana differente - ha spiegato Fr. Eduardo Sanchez Vélez, superiore del convento -. Qui abbiamo la comunità ebraica, polacca, ispanica, filippina, indiana, africana. La nostra vita fraterna è bella e interessante perché si condivide il pane, la vita di tutti giorni con persone diverse, ma ci unisce almeno la lingua che usiamo per comunicare e per pregare: a volte inglese, a volte ebraico, a volte italiano”.

Los nuevos locales multiuso están ya preparados para albergar las actividades de las comunidades parroquiales y de los migrantes. También colabora en la pastoral para los cristianos locales la iglesia de San Pedro, santuario custodiado por los franciscanos donde viven siete sacerdotes de distintas nacionalidades. “Cada uno de nosotros se encarga de atender a una comunidad cristiana diferente – explicó fray Eduardo Sánchez Vélez, superior del convento –. Aquí tenemos las comunidades judía, polaca, hispánica, filipina, india y africana.  Nuestra vida fraterna es bella e interesante porque compartimos el pan, la vida de todos los días con personas distintas, pero al menos nos une la lengua que utilizamos para comunicarnos y para rezar: a veces el inglés, a veces el hebreo y a veces el italiano”.


 

Beatrice Guarrera