Getsemaní: la Preciosísima Sangre de Jesús

Una celebración especial la que tuvo lugar en la basílica de Getsemaní el lunes 1 de julio: la solemnidad de la Preciosísima Sangre de Jesús, que San Pablo VI asoció a la celebración del Corpus Christi.

Una festividad rica en simbología, que empieza con el primer gesto de la celebración: esparcir pétalos de rosa sobre la piedra que, según la tradición, se impregnó de la sangre de Jesús durante su agonía, y que se recuerda – con el mismo gesto – el jueves antes de la Pascua. La sangre, en la Biblia, siempre se refiere al concepto de sacrificio y ofrenda de la vida: desde las páginas del Génesis y del Éxodo.  La sangre representa un vínculo de la historia del hombre con la de Dios. En el Nuevo Testamento tiene un papel aún más importante: con la Pasión y muerte de Jesucristo, la revelación más perfecta del amor de Dios Padre, de la que nace la Iglesia y alrededor de la cual se reúne durante cada celebración, el hombre obtiene la salvación de los pecados.

Precisamente en el lugar donde Jesús derramó su sangre, se sigue celebrando esta solemnidad. El Custodio de Tierra Santa, fray Francesco Patton, que celebró la eucaristía, subrayó el carácter  franciscano de esta festividad.  “San Francisco menciona muchas veces la sangre de Cristo”, dijo durante su comentario al Evangelio, “como queriendo recordarnos que toda la vida de Jesús se entregó por amor”. El Custodio, siguiendo los pasos de San Francisco, destacó la estrecha relación entre el lugar de la celebración y otros dos lugares en Jerusalén: el Cenáculo, donde Jesús entrega el sacramento de su cuerpo y su sangre, y el Calvario, donde la sangre fue derramada para nuestra salvación.

“Al celebrar esta fiesta recordamos todo lo que este día conmemora”, comentó fray Patton, “el misterio de la vida de Jesús, entregada totalmente por amor; el misterio de su humanidad que concuerda con la voluntad del Padre, pero también el misterio de nuestra llamada, gracias a la presencia del Espíritu Santo que nos permite recibir el sacramento y seguir las huellas de Jesús para llegarcon él a hacer de nuestra vida un regalo de amor, como Jesús hizo con la suya.

Siguiendo la tradición, al final de la celebración muchos fieles se detuvieron a rezar en Getsemaní, sobre la piedra situada bajoel altar, en recuerdo de la obra de la Sangre de Jesús que nos ha redimido.  Al salir, llevaban consigo los pétalos de rosa, símbolo de la memoria del sacrificio de Cristo.

 

Giovanni Malaspina